lacalledelavida

Cine y escritura

El instante mágico.

Fin.

La trama está resuelta. Los personajes han solucionado sus conflictos. La historia ha concluido y mientras leemos los títulos de crédito, habitualmente con el ritmo de un tema musical que resume el espíritu de la película de fondo, hacemos balance de los pensamientos y emociones suscitadas. En ese momento repasamos mentalmente la película y empezamos a concluir la opinión sobre lo visto.

En la vida no resulta tan fácil cerrar etapas y poner la palabra fin encima de determinados fragmentos de vida. A veces la ponen terceros y no hay vuelta atrás.

Hoy se ha cerrado una etapa profesional muy importante para mí. Desde 2003 he vivido con pasión la gestión cultural y la promoción del cine desde la Asesoría de Cine de la Comunidad de Madrid. Hemos tenido la oportunidad de aprender tanto de los compañeros de profesión. Todo un privilegio. Hemos crecido con el cortometraje; hemos visto nacer nuevas líneas de apoyo al largo, incluso una dedicada al videojuego-que esperamos llegue pronto; encuentros -cómo me gusta esa palabra-, talleres, seminarios, festivales -esa Semana del Cortometraje creciente, ese Alcine que tan bien dirige Luis González-, publicaciones, guías, ciclos, cines de verano, una lista enorme de actividades… !qué hermosas experiencias!. Tanto aprendido, tanto vivido…

Gracias a todos los que directa o indirectamente habéis participado en estas actividades. Y enormes gracias al equipo de la Asesoría de Cine: Mireya Martínez, la mejor en producción y Lola Díaz, la mejor en administración. Todo un privilegio trabajar con profesionales de este nivel. Y toda una enciclopedia de anécdotas a recordar.

Queda desear toda la suerte, energía y creatividad al equipo que a partir de ahora coordinará la Cultura en la Comunidad de Madrid y a la persona que impulsará, seguro que con buen criterio, los programas y actividades de cine.

Y empezamos una nueva etapa de creación. Volvemos a la dirección, a la producción y al guion.

La palabra fin queda atrás. Se va desdibujando. Estamos en el inicio.

Cómo ese mar que siempre inspira, que va y viene, nos dejaremos llevar de nuevo hacia un lugar del que uno realmente nunca se va: la creación.

Muchas gracias, gente del cine madrileño. Nos encontramos pronto.

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https://vimeo.com/342129323

SSHINDA, es un artista mexicano maestro del juguete tradicional y también poseedor de un inmenso tesoro de narraciones tradicionales de la región de Guanajuato.

El próximo domingo 16 de junio el Maratón de Cuentos de Guadalajara (en este caso de España) le dedica un homenaje. SShinda contó  allí hace cuatro años y tuve ocasión de conocerle en el marco de este maravilloso evento dedicado al cuento y a los cuentistas (¡qué palabra!). A través de dos personas que han grabado y estudiado los cuentos de Sshind -José Manuel Pedrosa y Gabriel Medrano- pude visitar su taller de artesanía de madera en la localidad de Juventino Rosas en los veranos de 2017 y 2018.

Mi padre era ebanista y visitar aquel taller fue especial. La materia prima y el modo ingenuo de tratarla y de pintarla. Quizás como los cuentos de Sshinda, aparentemente sencillos, pero con tantas referencias y capas. A lo mejor esas calles de Juventino Rosas tienen algo que ver en la riqueza de esos relatos. Su vida caótica y maravillosa, llena de fascinantes vendedores ambulantes y, supongo, aún más fascinantes historias de vida. Macondo en México.

Cada persona que conoces aporta algo a tu vida. Recibí mucho en aquellas visitas a SShinda y a Juventino Rosas. Fue especial, como tantos momentos vividos en México.

Para contribuir al homenaje que rinde el Maratón de Cuentos a Sshinda, he editado un pequeño vídeo que da idea del taller del artesano y de esas calles increíbles de Juventino.  Estará en abierto unos días. Quizás sea el inicio de una edición más profunda. Quien sabe. De momento, os invito a un breve viaje a Juventino Rosas.

¡Buen trayecto!

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Fue hace cuatro años. Recuerdo levantarme y recorrer con alegría mesas de la oficina llevando la noticia de que Aquel no era yo de Esteban Crespo estaba nominado al Oscar al Mejor Cortometraje de Ficción. Una gran noticia. Habíamos conocido y seguido el cortometraje desde que era un proyecto, lo habíamos visto crecer, participar en la Semana del Cortometraje, en Madrid en Corto, en muchísimos festivales… y ahora, ¡habían llegado a  los Oscar!. También después, desde la distancia, vivimos las peripecias de promoción en Los Ángeles y algunos momentos estelares que compartíamos en la oficina con gran alegría.

La película pertenece a su equipo, pero hay mucha gente alrededor que participa indirectamente en la película para la que también significan mucho los acontecimientos que ocurran que signifiquen promoción y distribución.

Hoy he tenido una mañana de ordenador y reuniones y he estado desconectada de las noticias y del móvil. En un momento en que lo he encendido, he visto dos mensajes y, leyéndolos, he dado un bote en el asiento. Era la hora de comer y había poca gente en la oficina, pero los que estaban, se han enterado de la noticia.

Un notición:

El cortometraje Madre está nominado a los premios Oscar. Nada más y nada menos.

Esta noche he visto las imágenes del equipo reunido viendo las nominaciones y el gran momento que han vivido cuando “Mother” ha sido nombrada. ¡Qué alegría! Momentos a recordar, como el que hace cuatro años vivió Esteban Crespo.

Pero echemos la vista atrás. Los cortometrajes españoles nominados al Oscar han sido:

Esposados de Juan Carlos Fresnadillo (1996 –año de producción-)

7:35 de la mañana de Nacho Vigalondo (2004)

Éramos pocos de Borja Cobeaga (2006)

Binta y la gran idea de Javier Fesser (2007)

La Dama y la Muerte de Javier Recio (2009)

Aquel no era yo de Esteban Crespo (2013)

Timecode de Juanjo Giménez (2017)

Todos ellos muy distintos, pero de gran nivel. Todos ellos podían haber sido ganadores por su calidad, pero sabemos que no es fácil.

En cualquier caso, un cortometraje nominado al Oscar genera un vínculo de solidaridad y apoyo en todo el sector del cine y del audiovisual español que es muy importante. Por otro lado pone foco en el talento y en la profesionalidad de todo el sector en nuestro país.

Hace cuatro años no hubo premio, pero Aquel no era yo consiguió una promoción increíble y la experiencia fue notable para el equipo, según fueron relatando.

Tampoco lo hubo en el 96, ni en el 2004 o en el 2006.

El cortometraje español merece un Oscar. No sé si será en 2019 -ojalá, equipo de Madre– o cuando, pero será por el merecimiento no solo de ese cortometraje, sino de un sector y de su evolución a lo largo de los años.

Hay mucho que hacer. Un cortometraje español está nominado a los Oscar. Sigamos trabajando.

¡¡¡ENHORABUENA, RODRIGO, MARÍA Y EQUIPO DE MADRE!!! Todo el cariño y la admiración al recorrido que habéis hecho y que haréis.

 

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El cortometraje español se merece un Oscar.

 

 

El lunes se celebró la gala de nominados a los premios Goya. En el camino hacia el Teatro Real, frente al Palacio, un tiovivo paró mis pasos. Los colores vivos, las formas barrocas de las figuras y ese movimiento que se inicia lento y va cobrando velocidad mientras los caballitos suben y bajan dando vueltas y miran la ciudad, me detuvo.

La noche había caído ya y el tiovivo estaba vacío. Aunque su luz inundaba aquella parte de la plaza y la esquina del palacio, aquella ausencia de niños daba un toque melancólico al lugar y al momento.

Contemplando el ir y venir de los caballitos, aparte de hacer un viaje a la infancia (¡cómo disfrutaba de niña con estas atracciones!), pensaba en el ir y venir del mundo actual, en las mejores y peores noticias del día. El mundo gira y, como un tiovivo, va arriba y abajo, se mueve lento, a veces se para, y a veces como esa noche, situándote como espectador, ves que el tiovivo lleva su ritmo. Todo es un cúmulo de circunstancias -desgraciadas y temibles circunstancias, en ocasiones-. Pero llega otro día y el tiovivo de la vida continúa su marcha.

Después de hacer unas fotos y algún video con diferentes tamaños de planos de los caballitos, continué caminando despacio hacia el Teatro Real, observando la belleza de la plaza, la iluminación de los edificios, mirando de tanto en tanto hacia atrás para ver el tiovivo y pensado en los compañeros nominados a los Goya y a todos los premios de estas semanas. Ellos también están en un tiovivo iluminado, subiendo y bajando el carrusel de las emociones, viviendo a fondo cada vuelta del camino. Ojalá todos ellos disfruten de estas luces y emociones muchas más veces. Porque el tremendo trabajo que requiere cualquier película, bien merece la recompensa de este tiovivo.

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En lo alto de la colina, la Alhambra mira a Granada. Un vestigio prodigioso de épocas que llevamos en los genes. Somos la historia de generaciones, de un pasado que a veces se asoma al presente, al hoy, que es todo. Somos en este instante. Y en este momento paseando calles bajo la Alhambra, con el año 2018 a punto de concluir, nacen estas palabras.

Medimos el tiempo, fugaz, en años.

Cada día es único. No hay momento mejor ni peor para nadar y saborear los mares de la vida. El día de fin de año, sin embargo, parece señalado como inicio de un nuevo ciclo. Llueven deseos y abrazos que suavizan nuestra perplejidad sobre el paso de ese tesoro, único, que es el tiempo.

Somos viento veloz. Habitamos sueños efímeros y maravillosos

En este día, en cualquier otro, por momentos que traigan el brillar de la mirada, la sonrisa del descubrimiento, la paz del abrazo. El amor frente al miedo.

Por el descubrimiento de nuevos mares, nuevas esquinas de nuestras geografías reales e imaginarias, en nuestras retinas y en las de otros.

Por zambullirnos en el oleaje de nuevos proyectos que impulsen nuestro vuelo.

Por encontrarnos en la orilla de ese mar con otros,  sentirnos en su piel, leernos en miradas y sonrisas ajenas. Andar juntos trozos de camino.

Por un sol cálido y generoso que sea refugio y señale a cada quien sendas y veredas.

Por todos, caminantes sin brújula, soñadores sin pausa.

Brindemos, por un hoy de todos, por el camino abierto para cada uno entre la tierra, el mar y el azul del cielo.

Brindemos por todos y con todos.

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E3F62DCA-F3D2-4DE9-8029-E38D2304528A.jpegLas luces y la noche de repente son claridad, agua y arena. Amanecer y silencio en el estruendo del tráfico.

No eres nada. Un cuerpo que se transforma en aire.

Eres todo. El viento que se convierte en sonrisa. La mirada que vuela.

No hay límites. Tú eres yo y él. Todo y todos a la vez. Y volamos, en el silencio y en el tráfico. En la nube frágil. Volamos. Somos el mundo cambiante o inmóvil. Una elección. Un conjunto casi infinito de elecciones.

Nada vale. Todo importa. El tiempo se detiene en el brillo de la mañana, en el café, el paseo consciente, la sonrisa en el silencio, la generosidad en el agotamiento de las horas. El frío y el calor, el bizcocho y la tortilla, el cuidado de alguien, la conversación inmensa, la imaginación del otro. Conocer, avanzar, creer, crear. El ruido como noria que se transmuta en silencio. Amarse y amar. Descubrir el instante. Una sombra en el sol. Gazpacho y cocido. Limón y aguacate. La página abierta de un libro. El ritmo mágico de un puñado de notas.

Juntos. Tú, yo, él. Andamos hacia el mar que alcanza el caminar de tu pie atravesando la arena. Y ahí, justo ahí, en ese límite fugaz entre tierra y mar te  regalo un pensamiento. Fugaz, vibrante y eterno. El roce de este puñado de palabras en la retina. El sentimiento que quede flotando en la estancia de tus recuerdos.

Navega. Vuela. Álzate y emprende viaje. Tu viaje. Te regalo el sonido de estas sílabas entre ola y ola. Entre luces, guirnaldas y brillos, entre la música del agua y el salitre.

No es Navidad. O quizás sí. Solo importa el mar, la arena que pisas, el brillo del tiempo.

Corre. Disfruta el camino. El futuro está cerca.

Feliz vida.

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Una mirada. Un paisaje. Una noticia. Un encuentro. Un suceso familiar, cercano o lejano. La lluvia que cae ahora mismo al otro lado de la ventana.

Ahí está, y en otros infinitos lugares. El origen de la creación. El nacer de una historia. Ahí, donde empieza todo: el teatro, una novela, una pintura, una melodía, el grito de un poema, el riesgo de una película.

Todo está alrededor. Todo está en uno mismo. El latir de las historias.

Pero antes, la necesidad de contar. Tan antigua. Porque el ser humano “es” en relación a los otros. Y, entre medias, en el límite entre tú y el otro, las historias propias y ajenas. Relatos -en cualquier formato- que comunican, enseñan, entretienen, mueven a la reflexión, a la emoción, a la empatía, al asombro… al sueño y la vigilia. A crecer.

Somos las historias que nos contaron, las que contamos.

Cuando creamos, retratamos nuestros mundos, incluso adaptando las historias de otros. Y el mundo crece con la creación de todos.

Mirando el caer de las gotas de lluvia en el cristal pienso en las historias en el cine, su complejidad. Escribir para la imagen. Escribir para que otros interpreten y lleven a la pantalla tu historia. La enorme generosidad del primer creador de una película: el guionista.

Secuencias de lluvia, de tormentas en parajes recónditos, en el centro de las más abigarradas urbes… en el origen, quizá, una tarde de domingo cualquiera en que el guionista mira por la ventana.

Apasionante el origen de cualquier creación pero estos días, mientras preparamos una semana muy dedicada al guion – Encuentro de Desarrollo de Guiones y MadridCreaLab- pienso en el doble salto mortal de los guionistas que desconocen el destino final, cómo equipos amplios de profesionales, serán capaces de poner en escena esas páginas escritas con tanto esfuerzo.

Qué gran suerte. Esta semana viviremos en el lugar DONDE NACEN LAS HISTORIAS, las del cine.

Y sigue la lluvia.

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