ALZHEIMER

•septiembre 21, 2016 • Dejar un comentario

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Todo empezó cuando ella buscó un cuadro que no existía, aunque realmente todo se había iniciado mucho antes. El diagnóstico de Alzheimer “probable” cayó como una bomba.

El desarrollo es rápido, porque no quieres que suceda y, a la vez, resulta lento. En su caso, diez años.

Las decisiones. Los cambios. El entorno. Las opiniones sobre qué hacer. El giro brutal de las rutinas. La memoria, atesorada toda la vida que se difumina, minuto a minuto, hasta no recordar nada, ni a tus hijos. La crueldad del olvido.

Un centro de salud. Un grupo de ayuda mutua para cuidadores de enfermos de Alzheimer.    Hora y media de puesta en común, de conocimiento de distintas situaciones, problemas, soluciones, del dolor, del amor, de cómo apoyarse y atender mejor al padre, la madre, la mujer, el marido, el familiar.

Hoy leyendo noticias sobre la celebración del Día Mundial del Alzheimer, recuerdo. Vienen a mi muchos momentos, tantas emociones. Pero hoy recuerdo especialmente a los hombres y mujeres a los que conocí en aquel grupo de autoayuda. Recién llegada a la enfermedad y sus cuidados, aprendí muchísimo de todas sus experiencias. Técnicas, aspectos psicológicos, cuestiones prácticas, de todo.

Todas aquellas personas, con la experiencia del Alzheimer a sus espaldas, podrían tomar las mejores decisiones, bregar con situaciones complejas en cualquier campo de la vida, serían buenos compañeros de viaje en casi cualquier situación. Tenaces, valientes, tranquilos. El Alzheimer -y supongo, el cuidado en otras enfermedades de características similares- templa la paciencia, agudiza el ingenio para salir de atolladeros, ajusta tu visión de lo importante y lo accesorio de la vida y del día a día, te obliga a un permanente aprendizaje y a adaptarte un cambio constante. En el curriculum profesional de una persona  que ha ejercido labores de cuidador de un enfermo de Alzheimer, debería destacarse esta tarea y ser valorada positivamente.

Hoy recuerdo aquellas tardes con el grupo y deseo que los caminos de todos aquellos maestros transiten por paisajes más calmados, merecidos.

Hoy, te recuerdo. Caminas por aquel pasillo largo, con pasos que van  siendo más cortos a medida que pasa el tiempo. Cantas, de forma entrecortada, cantas. Ya no hablas, pero lanzas la mano cuando paso cerca de ti. Pilar, madre, de golpe te recuerdo, guapa, sonriente, esperándome en un aeropuerto, sorprendiéndome. Tú energía, siempre desbordante, contagiosa.

Hoy sé que lo más difícil que he hecho en la vida tiene que ver con el Alzheimer: ser cuidadora. Quise hacerlo. Tomé la decisión y realicé el aprendizaje más grande y más complejo de mi vida.

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A los que cuidaron, cuidan y cuidarán a los que ya no recuerdan.

OCULTO

•septiembre 20, 2016 • Dejar un comentario

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El mar se siente desde el rincón de la habitación. Oculto, se intuye tras la fachada a la que da la ventana, el hotel. San Sebastián es un trozo de mar que entra a la tierra y la inunda en una playa que parece irreal a fuerza de ser bella. Huelo el mar sentada en la cama, a medio hacer una pequeña maleta que ha vivido conmigo un buen número de viajes que son casi de ida y vuelta, que me asoman a ciudades, festivales, proyectos que mueven los hilos del cine y de la vida.

El mar, oculto, pero presente en el aire de esta estancia provisional. Pronto saldré a su encuentro y será una caminar a buen paso hacia el corazón de la ciudad, hacia las sedes del festival de cine que celebra estos días su 64a edición.

Oculto el mar. Pienso en todo lo que tenemos cerca, oculto.  A veces, sentimos presencias que no son visibles, pero que intuimos o sabemos inmediatas. Se cruza en mis pensamientos el cine y sus trastiendas. Lo “oculto” del cine. Me pregunto si el espectador intuye toda la complejidad y los procesos complejos que se ponen en marcha para levantar una película. Días atrás, en la Ventana del Cine Madrileño tuvimos oportunidad de ver la presentación de proyectos de largometraje buscando colaboración, coproducción. El trabajo duro de los productores. En San Sebastián también hemos sido testigos de la presentación de otros proyectos en su Foro de coproducción. También de la proyección de películas que buscan socios para su acabado ( Cine en Construcción).

El intrincado trabajo de preparación y producción de una película, esa búsqueda ardua de financiación, socios, distribución, parece quedar oculta al espectador, que solo conoce la propuesta final. Pero una película es también la historia de los avatares y caminos frondosos  de su producción, llenos de pasión profesional y personal, ocultos, como ese mar con el que voy a encontrarme en unos momentos.

NUBES

•septiembre 8, 2016 • 1 comentario

 

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En Copenhague las nubes bajan a la ciudad, acarician los edificios y juegan con los árboles de los parques.

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El agua de los canales se contagia del gris de las nubes.

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En segundos, provocan cambios en  la luz de calles y edificios.

img_44311Hago fotos y en cada instantánea la ciudad cambia su rostro. Fascinantes colores y sombras. Me engancho a la fotografía. A las nubes.

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Copenhague pasó como un suspiro. Desde Madrid, viendo las fotos, recuerdo.

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Las nubes se apropian del paisaje.

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El agua de los canales refleja el gris de las masas hipnóticas que se apropian del perfil del horizonte.

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Barcos y hombres navegan en un agua gris de nubes.

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Las nubes persiguen a las embarcaciones en los canales. A veces, dejan que el sol refleje su brillo en el agua.

Al ver las fotos mi recuerdo viaja a una película. Vuelo con los ángeles de “El cielo sobre Berlín”. img_45161

Y al fondo, en alguna foto, veo a ángeles que quieren ser humanos volando entre las nubes de Copenhague.

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Volveré.

 

UNA FOTOGRAFIA

•agosto 29, 2016 • 1 comentario

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En las idas y venidas de este verano, al sur más sur y hacia un sur más cercano, he dejado mi grabación y mis visitas a Brihuega interrumpidas. En este lapso de tiempo, he perdido la oportunidad de ver una exposición de fotografías antiguas de gentes del pueblo. Alguien que me conoce bien,  me hace llegar esta imagen.

En sepia. Una imagen antigua.

El pasado en el presente.

Cinco niños, cinco miradas al mundo. Qué sensación, saber la vida de todos ellos, conocer lo que les deparó la infancia, juventud y madurez, vejez. El final. Cada una de sus vidas merecería un largo y emocionado relato.

El recuerdo.

La evocación.

Son hermanos. Son huérfanos. En su mirada habita esa orfandad. Su padre, médico, acaba de morir después de atender un parto difícil encontrándose enfermo. Solo el mayor esboza una cierta sonrisa. El gesto de los demás parece encontrarse entre el enfado y la tristeza.

Dos de ellos no llegarán a la juventud. El mayor será un viajero inquieto e hipnotizará al mundo(*). Siendo un hombre grande, coleccionará los objetos más pequeños. Un coche, una carretera, ese será su final. Dos de las niñas tendrán una vida más tradicional. Al llegar a la vejez, la enfermedad del olvido borrará sus recuerdos antes del final. Una de ellas, la pequeña, me mira. La había visto como colegiala, pero nunca tan niña. Nunca. Se apoya con soltura en Adriana, su hermana. Y mira directamente.

Mi madre me mira.

 

(*) Juan Elegido,hipnotizador, tuvo como nombre artístico “Profesor Max” y coleccionó miniaturas que se han exhibido en museos como el Carromato de Max (Mijas, Málaga). 

 

 

 

 

 

 

 

 

AMANECER

•agosto 13, 2016 • Dejar un comentario

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El día se abre. El lago brilla con la primera luz del sol. Abro la ventana para contemplar el espectáculo de la naturaleza. Aunque lejanos, voy sintiendo los rayos crecientes que iluminan la costa alrededor del lago.

Después de días de recorridos y trajín, hacemos un descanso en el viaje en este paraje maravilloso. Un lago al lado del mar. Un lago de aguas calmas que invitan a la serenidad, a la reflexión. Es necesario alejarse de tanto en tanto para ganar perspectiva. Viajar es buscarse en otros paisajes, en la mirada de otros. Viajar es acudir a una escuela sin pupitres ni pizarra de tolerancia, respeto y admiración hacia el otro, hacia el extraño.

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Distraigo unos minutos la mirada del paisaje leyendo la prensa en internet, pero encuentro mucho más interés en la contemplación de las aguas del lago que se asoman a la ventana de este amanecer.

Mirando las nubes pienso en la luna y en la lluvia de estrellas de la noche de ayer; en las personas que se fueron y en las que han llegado este año a mi vida; en el vuelo tranquilo de las aves, ajeno a vaivenes que no sean los de mantener el vuelo, la vida; en los meses pasados, agitados; en los que vienen, cargados en el trabajo, con novedades interesantes; en las montañas lejanas que apenas se adivinan entre la niebla, pero que prometen tierras que podrían ser protagonistas de leyendas; en la necesidad imperiosa de escribir la novela que tramo desde hace algunos meses, inspirada en un pasado lejano y en un hecho reciente; en las aguas sosegadas que transmiten calma, la necesidad de respirar profundamente; en los tres documentales que tengo en marcha en distintas fases de elaboración que también seguirán avanzando este otoño a un ritmo lento, el que permita mi trabajo; en la difícil pero posible -hay que optar por el optimismo- ecuación a resolver para encauzar y coordinar todas las tareas llevándolas poco a poco a su fin.

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Muchas cosas por hacer y mucha ilusión por crear con la escritura y con la imagen. Todo irá avanzando, buscando su camino a ratos y a golpes de fuerza de voluntad. Lentamente, todo fluirá, ahora solo importan las aguas de este lago en el que esta mañana vuela mi mirada.

Día a día.

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EL ASOMBRO

•agosto 4, 2016 • Dejar un comentario

 

Las alas del avión rompen las nubes en esta mañana de agosto.


La tierra se aleja y de nuevo siento el asombro de volar, de estar en el interior de un aparato enorme que transporta a 300 personas, quizás más, que observamos cómo el mundo se aleja, pequeño.

Cumplo años mañana. Y qué? Los años quizás sean una convención necesaria. Pero la edad cronológica, es la real? Cómo medir las experiencias, la vida de cada cuál, la percepción del tiempo de cada persona?

Atravesamos nubes algodonosas y las respuestas parecen desvanecerse ante esa sensación extraña que produce la visión desde el aire de campos y ciudades.

Cómo medir la vida? Hay que medirla? No hay fronteras ni años, solamente el devenir del deterioro físico -tan desigual según las personas- si continúa el asombro, si se renueva cada día. Asombro ante la primera luz de la mañana; por el tacto de las sábanas; por la respiración y su calma; por la sensación cálida de la madera que roza nuestros pies cuando se levantan de la cama; por el placer del café recién hecho y del agua deslizándose gota a gota por el cuerpo en la ducha; por vernos en el espejo con salud, con ganas, con energía; por la alegría que ilumina la mirada; por cada movimiento de nuestros cuerpos en los días, largos, intensos, irremplazables.

Hoy es hoy. El tiempo, medido, pasa. Pero estamos, y somos asombro, energía, apoyo. Somos y cada día nos asombramos de ser.

Y buscamos alrededor gente que practique el asombro, que mire las nubes e imagine mundos, que se asombre por su existencia, por la de los demás y practique el cuidado del otro, que en realidad no es otro, es uno mismo porque somos uno en este milagro medido en años, con fecha de caducidad, que es la vida.

Duerme parte del pasaje entre nubes. En breve se asombrarán de nuevos paisajes humanos, de nuevas ciudades, mares y campos. En otros casos por el regreso y sus encuentros.

Desde el asombro del vuelo, de las vidas que sueñan alrededor, de la mía que ahora se mece entre nubes, siento que mañana será un día más, lleno de inolvidables momentos de asombro y de vida. Un día cualquiera.

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PD.: Escribo desde el móvil, entre nubes, pero sin signos de interrogación.

ÉRASE UNA VEZ … UN TILO

•julio 23, 2016 • Dejar un comentario

imageÉrase una vez un tilo enorme, frondoso. El árbol más hermoso de su ciudad.

En Brihuega hay un tilo que alza su gran copa y da sombra a toda una plaza. Cerca, andando el pueblo en dirección al prado de Santa María, en una casa del llamado Coso, nació mi madre.

Cada vez que voy a Brihuega procuro atravesar la plaza del tilo. A veces me detengo a disfrutar de la belleza de las hojas que persiguen ramas que se alzan por encima de algunos de los tejados de las casas que rodean la plaza.

Tiempo atrás, en Madrid, un tilo apenas crecido llamó mi atención en un parque al que acudía para volver a aprender a caminar después de sufrir una lesión. Entre la diversidad de árboles, yo siempre elegía hacer descansos frente a ese tilo, enclenque, apenas árbol aún.

Una niña corre alrededor del tilo de Brihuega. Es mi madre. Se esconde tras el árbol y, de cuando en cuando, se asoma con cara pícara. Probablemente, mis tíos y mi madre jugaron a la sombra de ese árbol. Igual aún juegan. Quizás, no podemos verlos jugar al escondite en esta plaza en la que, ahora mismo, disfruto de la sombra del tilo y escribo estas líneas.

Un tilo lleva a otro tilo. Qué sabemos de memorias que se llevan en la sangre, qué sabemos del enigma del tiempo, de la muerte.

En el cementerio de Brihuega juegan unos niños al sol y, a veces, suben al pueblo y corretean alrededor del árbol más hermoso del lugar.

 

A los que no están, a los que juegan sin que podamos verlos. A mi madre que retomó sus juegos infantiles un día de intenso calor de julio de hace poco. A la imaginación , que nos salva y nos atrapa.