DE MUROS Y MELODÍAS

TANGER Y MIJAS 291

Ver desaparecer el mundo alrededor, tal y como pensábamos que era. Detenerse e intentar sujetar pedazos del tabique de los sueños imaginados, a veces incluso cumplidos. Y no poder alcanzarlos, como si alguien los pusiese más lejos una y otra vez, hasta que al final se perdiesen en un inmenso horizonte de muros caídos.

Volver a casa con la sensación de tener un sueño menos, una ilusión que pasa a habitar en desvanes de la memoria, entre las viejas cajas donde guardamos los recuerdos más bellos de la infancia, los que nos hacen ser como somos.

Enciendo el ordenador y elijo oír a Chet Baker (“Every time we say goodbye”) y, nota a nota, vuelvo a ser una niña y de nuevo entre los cascotes del mundo derrumbado habita la poesía, de la imagen, del sonido, de la palabra, incluso la no dicha, la que se queda en el iris de nuestra mirada y lo va quemando poco a poco, sin que nos demos cuenta.

Y volver a empezar. Mañana, volver a empezar. Porque la vida es eso, volver a empezar, hasta que llega el fin. Y hoy la vida para mí se acaba con la melodía de una trompeta que toca suavemente el alma y poco a poco quiere hacer renacer los sueños.

Hasta mañana, amigos.

Que los muros caídos no derriben esos sueños que aún habitan en el inmenso horizonte de nuestra imaginación.

2 comentarios en “DE MUROS Y MELODÍAS

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