FINAL

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Un coche atraviesa a velocidad las calles  de un barrio periférico. Llega a una plaza grande, vacía, y frena ante uno de los edificios. El auto parece diminuto en el espacio, enorme. Un hombre joven sale del coche y, corriendo, sube las escalinatas de acceso a uno de los edificios.

En el ecuador de la Semana del Cortometraje, que finalizó ayer, uno de los participantes me contó una anécdota que ha marcado su vida profesional. Un coche, un despiste, un atasco, cualquier nimiedad puede suponer un giro radical en tu vida.

Esa imagen de un coche llegando a una plaza vacía, me ha acompañado durante todos estos días de proyecciones, foros profesionales, talleres y trajín. Quizás con el cansancio y las emociones a flor de piel, es más fácil que una imagen te golpee y te acompañe.

La persona que me relató la anécdota de cómo estuvo a punto de no llegar a tiempo a la realización de una prueba de acceso a una escuela de cine, consiguió llegar, y pasado el tiempo cuenta con una filmografía interesante. Pero un día, hace años, estuvo a punto de perder la posibilidad por un cúmulo de circunstancias. Un taxi y la comprensión del conductor  le ayudó a conseguir su sueño. ¿Qué hubiese pasado de otra manera? ¿Hubiese emprendido otro camino? ¿Cómo sería ahora su vida?

Ese coche llegó. Pero no todos los coches llegan.

En estos días de la Semana del Cortometraje en los que decenas de profesionales del cine presentan sus cortometrajes, imparten talleres o participan en foros profesionales, con esa imagen recurrente en la cabeza de un coche intentando llegar a su destino, me pregunto  cuántos coches han llegado y no han llegado al destino adecuado en la vida profesional de todos estos creadores o de todos.

A veces circunstancias nimias suponen una sacudida en la trayectoria de alguien y en su vida.

Y pienso en mí, en las circunstancias que me llevaron a la Semana del Cortometraje, a la promoción del cine. Pudieron no ocurrir, pero sucedieron y, en el caso de la Semana, me dieron la posibilidad de trabajar para ver crecer un evento, poco a poco, como deben fraguarse los proyectos que buscan solidez y cumplimiento de objetivos.

Ayer, tras la última sesión de la Semana del Cortometraje, atravesando la ciudad con la melancolía que siempre me acompaña al finalizar un rodaje o la organización de un evento complejo, contemplando las aceras de la Gran Vía desde un taxi, volvió a mí la imagen del coche llegando a la plaza vacía. Mientras miraba a través del cristal, supe que si, que soy muy afortunada, mi coche llegó a tiempo.

Mientras el taxi seguía avanzando entre otros coches me vino a la cabeza la música de “Azzurro” y recordé a Jacopo Chessa, director del Centro Nazionale del Cortometraggio Italiano cantando en la gala de la Semana. Esos momentos singulares que te ofrecen los festivales. Y sonreí cantando para mí mientras atravesábamos la Plaza de España.

Azzurro/ il pomeriggio è troppo azzurro/ e lungo per me. /Mi accorgo/ di non avere più risorse, /senza di te /E allora /io quasi quasi prendo il treno /e vengo, vengo da te, /Ma il treno dei desideri /nei miei pensieri all’incontrario va.

Y el coche llega a casa.

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P.D.: A todo el equipo de la Semana del Cortometraje, que son familia. Queridos todos, muchas gracias por contribuir con el esfuerzo de la Semana a que tantos cineastas intenten llegar a tiempo. La plaza no está vacía. Los coches van llegando, a tiempo.

A J.M. por darme que pensar con su anécdota.

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