EL ASOMBRO

 

Las alas del avión rompen las nubes en esta mañana de agosto.


La tierra se aleja y de nuevo siento el asombro de volar, de estar en el interior de un aparato enorme que transporta a 300 personas, quizás más, que observamos cómo el mundo se aleja, pequeño.

Cumplo años mañana. Y qué? Los años quizás sean una convención necesaria. Pero la edad cronológica, es la real? Cómo medir las experiencias, la vida de cada cuál, la percepción del tiempo de cada persona?

Atravesamos nubes algodonosas y las respuestas parecen desvanecerse ante esa sensación extraña que produce la visión desde el aire de campos y ciudades.

Cómo medir la vida? Hay que medirla? No hay fronteras ni años, solamente el devenir del deterioro físico -tan desigual según las personas- si continúa el asombro, si se renueva cada día. Asombro ante la primera luz de la mañana; por el tacto de las sábanas; por la respiración y su calma; por la sensación cálida de la madera que roza nuestros pies cuando se levantan de la cama; por el placer del café recién hecho y del agua deslizándose gota a gota por el cuerpo en la ducha; por vernos en el espejo con salud, con ganas, con energía; por la alegría que ilumina la mirada; por cada movimiento de nuestros cuerpos en los días, largos, intensos, irremplazables.

Hoy es hoy. El tiempo, medido, pasa. Pero estamos, y somos asombro, energía, apoyo. Somos y cada día nos asombramos de ser.

Y buscamos alrededor gente que practique el asombro, que mire las nubes e imagine mundos, que se asombre por su existencia, por la de los demás y practique el cuidado del otro, que en realidad no es otro, es uno mismo porque somos uno en este milagro medido en años, con fecha de caducidad, que es la vida.

Duerme parte del pasaje entre nubes. En breve se asombrarán de nuevos paisajes humanos, de nuevas ciudades, mares y campos. En otros casos por el regreso y sus encuentros.

Desde el asombro del vuelo, de las vidas que sueñan alrededor, de la mía que ahora se mece entre nubes, siento que mañana será un día más, lleno de inolvidables momentos de asombro y de vida. Un día cualquiera.

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PD.: Escribo desde el móvil, entre nubes, pero sin signos de interrogación.

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