FÁTIMA

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El cansancio. Fátima cae por unas escaleras de puro agotamiento. Limpiando de la mañana a la noche para conseguir que una de sus dos hijas estudie medicina. Cae.

El autobús está en la parada y vas mal de tiempo. Corres. Sin pensar, corres. Cuando ya has avanzado unos metros corriendo te das cuenta de que no has podido correr en mucho tiempo. Recuerdas tu caída, la lesión, las barreras que te han detenido, el miedo. Pero no paras, decides no parar, sigues corriendo. Y llegas al autobús con una sonrisa que ves que sorprende al conductor en la mañana de un día laborable cualquiera. No, no has enloquecido. Recuerdas y te sientes feliz por el logro.

Esta tarde, en el cine, cuando he visto caer a Fátima, la inmigrante de origen árabe  protagonista de la cinta de Philippe Faucon, ganadora del premio César francés a la Mejor Película, el resorte del recuerdo se ha puesto en marcha y he regresado a esa carrera de hace tres o cuatro días tras el autobús. También a una caída sufrida hace más de tres años. Rotura de tibia y peroné grave. Rehabilitación muy dura.

Fátima conmueve como personaje. Su historia de trabajo continuo y aislamiento seguramente pertenece a muchas mujeres de su país, de otros países, viviendo lejos, en una cultura distinta. Soria Zeroual, actriz protagonista realiza un trabajo impecable. La película, descriptiva, avanza correctamente por cauces previsibles, con el logro de contar una historia de mujeres, social, que habitualmente no llega a las pantallas.

En el proceso de rehabilitación que viví tras las operaciones tuve la suerte de encontrarme con Fati, marroquí, maravillosamente paciente, diligente, imaginativa en la solución de problemas, sonriente. La ayuda de Fati resultó insustituible en un momento en que para mí resultaba imposible dar un paso.

La imagen de Fátima en la pantalla se cruza con el recuerdo de Fati y las aventuras y desventuras vividas con ella en aquel tiempo de inmovilidad.

Avanzada la proyección, Fátima, que intenta formarse y aprender francés, redacta un escrito sobre las “Fátimas” y explica cómo su presencia, su trabajo, permite que otras personas sigan con su vida, puedan tener ayuda, ocio, en definitiva, tiempo. La tesis de la película se encuentra en este escrito que lee la protagonista.

Fati fue un apoyo esencial para afrontar un período duro de convalecencia y rehabilitación. Si he conseguido correr es porque tuve la posibilidad y el privilegio de tener su apoyo, aparte de un tratamiento médico adecuado y un rigor en la rehabilitación que aún me lleva al gimnasio a las 7 de la mañana varios días a la semana.

Fátima sufre un proceso de transformación a lo largo de la película y consigue logros, pero no lo tiene fácil. El desarraigo cultural es un tema importante para cualquier inmigrante en otro país.

Fati sigue trabajando con gente que, como fue mi caso en su momento, tiene algún problema de salud. Sigue prodigando su sonrisa. Está cerca. Tendrá siempre un lugar en casa, en mi vida.

Correré, con agradecimiento hacia Fati, sintiendo el privilegio de haber contado con su ayuda, también hacia todos los que me ayudaron en aquel momento. Ya sin miedo, correré.

 

 

 

 

 

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