CAVAFIS

 

Hoy es el Día de la Poesía -me recuerda un amigo por whattsapp-. No creo en los “Días de”, pero parece más interesante un Día dedicado a la Poesía que a otra cuestión.

Salgo tarde de trabajar y en el camino a casa, bajo la lluvia, pienso en el inmenso poder de la palabra. Al final, queda la palabra -aunque el cine esté casi siempre, en mi caso-. En los momentos vitales más duros un poema, un relato, la voz de otro a través de la literatura se convierte en un eco que reverbera cierta calma.

Ítaca de Cavafis es mi particular refugio. Sirvió de lejana inspiración a “Confluencias” y, pasado el tiempo, también lo encuentro en el germen de “Cruces”, si todo va bien, mi próximo documental. Porque ojalá sea largo el camino, pero siempre se vuelve al lugar de partida y, en esta ocasión,  con “Cruces”, regresaré al origen de algunas de las personas más importantes de mi vida, que es mi origen, aunque el tema a tratar casi nada tenga que ver.

La vida es un camino de idas y regresos al comienzo, a esos lugares donde creció nuestra mirada, donde aprendimos la respiración. Y en mis viajes vitales, de fondo, de cuando en cuando, regreso a la Ítaca de Cavafis. Estos días vuelvo a las orillas de esta vieja amistad.

A los Lestrigones, a los Cíclopes

o al fiero Poseidón no temas

Haremos caso al maestro. Dejemos que su poema nos regale la noche.

 

Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca

ruega que sea largo el camino,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

A los Lestrigones, a los Cíclopes

o al fiero Poseidón, nunca temas.

No encontrarás trabas en el camino

si se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita

la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,

ni al feroz Poseidón has de encontrar,

si no los llevas dentro del corazón,

si no los pone ante ti tu corazón.

Ruega que sea largo el camino.

Que muchas sean las mañanas de verano

en que – ¡con qué placer! ¡con qué alegría! –

entres en puertos nunca antes vistos.

Detente en los mercados fenicios

para comprar finas mercancías,

madreperla y coral, ámbar y ébano,

y voluptuosos perfumes de todo tipo,

tantos perfumes voluptuosos como puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias

para que aprendas y aprendas de los sabios.

Siempre en la mente has de tener a Ítaca.

Llegar allá es tu destino.

Pero no apresures el viaje.

Es mejor que dure muchos años

y que ya viejo llegues a la isla,

rico de todo lo que hayas guardado en el camino

sin esperar que Ítaca te dé riquezas.

Ítaca te ha dado el bello viaje.

Sin ella no habrías emprendido el camino.

No tiene otra cosa que darte ya.

Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado,

sabio como te has vuelto con tantas experiencias,

habrás comprendido lo que significan las Ítacas”

 

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