NUBES DE DOMINGO

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Las nubes avanzan en el azul de la tarde de domingo. El verano es menos verano este año. El calor ha dejado paso a una brisa mantenida que lleva acompañándonos casi toda la estación. El verano es suave casi un inicio de otoño.

El sol va olvidando la intensidad del mediodía. La ciudad adormece en el naranja de la tarde estival. Detrás de cada ventana, de miles de ventanas, un puñado de historias, rosas y cuchillos de realidad, esperan que alguien se acerque con su pluma, con su cámara, con su pincel, con músicas y sonidos, para arrancar un pedazo de verdad que se asemeje a los sucesos, los relatos personales que, día a día, en la rutina, van hilándose detrás de cristales y persianas.

La realidad es inabarcable, así es que uno deja de mirar a pie de tierra y bucea en las alturas del cielo. Las nubes narran historias que han visto en territorios lejanos, las que han oído en las noches de desiertos y valles, las que han imaginado entre las luces y las sombras de montañas y océanos.

Esta tarde las nubes son blancas, pequeñas y regordetas. Parecen pastelillos de nata que nos atraen desde el vértigo de la distancia.

El domingo es muchas cosas. La tarde de domingo es el latido inicial de la semana, la cumbre que se asoma al acantilado. Pero la mañana de domingo es luz, nubes y tebeos. La luz de la infancia. La luz de mi padre llevándome de la mano hacia el quiosco del barrio. El tebeo de la semana, que querías leer ya sin despedirte de Ramón, el quiosquero. Pero, sobre todo, las nubes.

El domingo por la mañana era jugar con las nubes desde el banco del parque, de cualquier parque, después de leer el tebeo. Adivinar formas. Imaginar animales portentosos, buscar los perfiles de gente conocida o desconocida en los recovecos algodonosos.

Los domingos por la mañana eran de mi padre y las nubes. Mi padre, que me enseñó a buscar en el cielo lo que no estaba en las calles del barrio.

Pasados los años, los domingos por la mañana son de las nubes que enseñan a viajar a territorios inexplorados, a imaginar historias que se balancean en el andar rápido de aquel cúmulo, a buscar relatos que sueñan ser contados.

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