CLERMONT-FERRAND, UNA LECCIÓN DE CINE

Hace sol en Clermont- Ferrand y eso es nuevo. La nieve bordeando las calles ha sido siempre una constante en los años que llevamos caminando la ciudad en estas fechas de febrero en las que todos los años se celebran el festival y el mercado internacional de cortometrajes de Clermont-Ferrand.

Está ciudad, situada en el centro de Francia ha conseguido atraer la atención de todo el mundo durante unos días, habitualmente duros, de su invierno. Este año más de 2.000 profesionales acreditados (directores de festivales, programadores, compradores, productores…). Si alguien quiere aprender como funciona el cortometraje, su difusión y distribución en los diferentes países, puede hacer un Master enClermont- Ferrand estos días.
Pasear por las proyecciones de Clermont-Ferrand es ver una población local entusiasta volcada en el festival, educada en el valor de la cultura, en la importancia del cine y del cortometraje como género y para descubrir nuevos valores del cine, además de profesionales de todo el mundo presentando y asistiendo a las salas para descubrir nuevas películas que quizás, una vez vistas aquí, viajen a festivales de todo el mundo. Un gran festival es una referencia, un icono cuyo catálogo diseccionan y siguen profesionales de todo el mundo.
Un gran festival, además de nutrir el apetito cinematográfico de sus espectadores, nutre de clientes hoteles, bares y servicios, incrementando actividad y beneficios de muchos negocios que nada tienen que ver con el cine. Es francamente difícil conseguir hotel en Clermont-Ferrand cuando se acercan las fechas del festival, por ejemplo.

El cortometraje es una película corta. Igual que el
largometraje necesita de un presupuesto, un equipo, un proyecto bien armado… En definitiva una buena producción que sepa realizar la mejor película posible con el presupuesto disponible. Con todas sus características específicas, un cortometraje no es un juego, cuando se realiza de forma profesional el resultado es una película que, como cualquier producto de cualquier empresa, precisa de una buena distribución para recuperar la inversión realizada y conseguir beneficios para reinvertir en nuevas producciones.

El mercado internacional de Clermont Ferrand sirve para poner en contacto a todos los agentes involucrados en la distribución de cortometrajes. Es un mercado necesario que contribuye a la profesionalización de un sector del cine que, equivocadamente, algunos, poco informados, pueden entender como “un grupo de amigos jugando con una cámara a hacer una película”. Los cortometrajes que se distribuyen en Clermont no pueden estar más lejos de esta errónea idea. El cortometraje es una película y como tal es tratada en este festival que lleva 36 años descubriendo al mundo el valor del corto. Toda una lección de cine.

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