ANTES DEL FINAL – PIEZA TEATRAL

otoño 2012 068

 

Dos personajes. Dos mundos distintos que enfrentan sus visiones de la vida en una noche que les marcará. Pero llegará la mañana…

 

El inicio puede servir de referencia de esta obra teatral:

Habitación con una cama, una mesilla, una silla, un sillón y un armario. Sobre la mesilla, un vaso de agua, una lamparita y un reloj despertador.

La habitación tiene una puerta que da a un baño y otra puerta que comunica con un pasillo. También tiene una ventana por la que entra un reflejo de luz de luna que se mezcla, cada cierto tiempo, con el resplandor de faros de vehículos que centellean unos instantes y desaparecen. Cuando ocurre esto, en paralelo, se oye el motor de un coche. De fondo escuchamos el sonido de un reloj despertador, amplificado.

En la penumbra de la habitación se distingue la silueta de una persona tumbada en la cama y la silueta de otra persona sentada en la silla.

La calma de la habitación se rompe de repente. En la calle se oye el sonido de las ruedas de un coche que derrapa y, en paralelo:

D. LUIS MARIANO (grita, parece tener una pesadilla): ¡No! ¡No puede ser! ¡El coche, tiene que parar! ¡No, no! Pare, pare…

EVELIO, sentado en la silla, se incorpora, enciende la luz de la mesilla, se quita los auriculares de un walkman y lo deja encima de la mesa, se levanta e intenta despertar con cuidado a D. LUIS MARIANO.

EVELIO: Don Luis Mariano, tranquilo. Solo es un mal sueño. Despierte, es mejor que despierte (mientras habla, le pasa la mano por el rostro e intenta que se despierte, todo con suavidad.) Tranquilícese.

D. LUIS MARIANO (gritando): ¡Carlos! Carlos, ¡cuidado!, ¡el coche! ¡Detrás de ti! ¡Mira detrás!

EVELIO (continúa intentando que don Luis Mariano se incorpore): Despierte, don Luis Mariano. Tiene una pesadilla. Es mejor que despierte…

D. LUIS MARIANO (gritando): ¡No!, ¡Noooo! (Evelio le da palmadas en la cara y abre los ojos.) Pero, ¿qué pasa? (Mira alrededor despistado hasta que fija la mirada en Evelio.) ¿Qué ha ocurrido? (Baja la voz.) Estoy sudando, ¡qué calor! Estoy empapado. Empapado. (Dirigiéndose a Evelio, vuelve a subir la voz.) Y usted, ¿quién es usted?, ¿qué hace usted en mi casa?

EVELIO: Don Luis Mariano, no se altere, por favor. Su hija… me ha contratado su hija.

EVELIO ayuda a D. LUIS MARIANO para que se incorpore, colocándole almohadones en la espalda.

D. LUIS MARIANO (interrumpiendo): ¡Ah, ya! Ahora caigo, es usted ese enfermero nuevo… Matías se llama usted, ¿no?

EVELIO: No, yo…

D. LUIS MARIANO (interrumpiendo): Mi hija y sus manías de contratar gente, (sacude la cabeza), ¡va a volverme loco!

EVELIO: D. Luis Mariano, hay una confusión. Yo me llamo Evelio. Matías es el compañero de la tarde, yo le sustituyo cuando se va, a las once de la noche.

D. LUIS MARIANO (interrumpiendo.) Una lianta. Mi hija es una lianta…

EVELIO: No me conoce aún porque hoy es mi primera jornada de trabajo. Cuando he llegado usted ya dormía y no hemos querido despertarle.

D. LUIS MARIANO (interrumpiendo): Mi hija no se da cuenta de que ya no estoy en el hospital, estoy en mi casa. Ella está en su mundo, pero es que resulta que ya me han dado el alta y no necesito a nadie aquí (con sorna) contemplando como duermo. Y usted, ¿cómo ha dicho que se llama?

EVELIO: Evelio, don Luis Mariano. Me llamo Evelio.

D. LUIS MARIANO (con retintín): Don Luis Mariano. Dicho así con ese acento que tiene usted parezco el protagonista del culebrón de la sobremesa. Llámeme don Luis a secas y déjese de historias. Como me llama todo el mundo.

EVELIO: Lo siento, don Luis Mari… digo, don Luis.

D. LUIS MARIANO: Eso, don Luis y punto. Así es que usted es Evelio. (Con ironía.) Pues nada, por la mañana, Enrique. Por la tarde, Matías. Por la noche, Evelio y, por supuesto, a todas horas, mi hija, yendo y viniendo, disponiendo de todo como si yo necesitase esta legión de gente. Cree que me he convertido en un inválido.

EVELIO: Don Luis Mar… (Don Luis Mariano le clava la mirada) don Luis, si me permite, yo creo que lo que quiere su hija es que usted esté bien, que tenga compañía y no tenga que hacer nada.

D. LUIS MARIANO (irascible): Pero bueno, ¿y usted qué sabe lo que quiere mi hija? Lo que me faltaba, una legión de defensores de mi hija y sus ideas alrededor. ¡Cómo si no tuviese ya bastante con ella!

EVELIO: Disculpe, don Luis, no era mi intención molestarle.

D. LUIS MARIANO (interrumpiendo): Pues me ha molestado y mucho. Estoy harto de que mi hija me trate como a un inútil, caramba. Será con la mejor intención, pero no me deja vivir. Todavía puedo dar un poco de guerra. Lo que tiene que hacer es dejarme en paz y dedicarse a sus alumnos y a educar a los salvajes de sus hijos.

EVELIO: Si, don Luis, la señora tiene mucha tarea.

EVELIO da unos pasos hacia un interruptor de luz situado al lado de una de la puerta que da al baño. Enciende la luz general de la habitación.

D. LUIS MARIANO: Pues eso, que se dedique a su tarea y que me deje respirar, caramba. Y además, (se echa hacia delante en la cama) ¿por qué estoy hablando con usted de esto? No es de su incumbencia.

EVELIO: No, señor. Disculpe, yo no quería que se molestase. ¿Se encuentra usted bien?

D. LUIS (con retintín): Perfectamente, Evelio. Perfectamente. Pero con tanta manta, tengo mucho calor.

EVELIO (coge el vaso de agua de la mesilla): Lo mejor es que tome un poco de agua don Luis.

D. LUIS se adelanta a EVELIO y trata de retirar el vaso de la mesilla antes que él. La mano le tiembla y tira el vaso.

D. LUIS (gritando): ¡Evelio! Así no se puede, me pone usted nervioso y mire lo que pasa…

EVELIO: No se preocupe por nada, don Luis. Ya me ocupo de traer agua y de recoger esto.

EVELIO sale corriendo de la habitación.

D. LUIS (en voz bastante alta, para que Evelio le oiga desde otra habitación): Pero, a ver si se da prisa, Evelio, que tengo sed y mire la que ha liado en un momento.

(En voz más baja, como para sí.) ¡Qué lamentable! Un hombre no debería tener nunca a otro a su servicio. Cada uno tiene que ser capaz de cuidar de sí mismo. Cuando llega la hora de no poder hacerlo, pues lo único que queda es morirse y punto. Aún puedo valerme por mí mismo un tiempo (con pesadumbre), un tiempo.

(continúa, obra disponible en Amazon)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s