CONFLUENCIAS: DESCUBRIR EL CINE EN LA HABANA

En el momento en que desciendes del avión te invade la sensación de humedad, te sacude y hace que notes de golpe que estás en otras latitudes. En aquel viaje, recuerdo, tras una pequeña demora en el aeropuerto, un trayecto fascinante por vegetaciones y, sobre todo, paisajes humanos muy distintos de los habituales. Los ojos, esos ojos grandes que sonríen, que hablan. La vida en la calle, humilde, sin  asfalto, sin apenas recursos. Pero VIDA, con mayúsculas, con todo lo que conlleva.

Al llegar, unos cuantos edificios parecen sorprender a un horizonte adusto y escasamente poblado. Cuando bajamos del coche y pisé tierra firme en la entrada de la Escuela de San Antonio de los Baños, ya tenía el propósito de rodar en Cuba. Todo se había fraguado en el corto lapso de tiempo transcurrido entre el encontronazo con la humedad de la isla y la llegada a ese centro, increíble (no por recursos, sino por imaginación y por posibilidad de conocer a soñadores del cine), donde pasé aquel verano estudiando la estética de la realización de documentales.

A veces todo sucede de repente, sobre todo en el campo de las ideas. Después, trasladar esas ideas a la  práctica,  es mucho más difícil.

Pasado aquel verano tardamos tres años en levantar un proyecto, pero lo conseguimos. Se trataba de una producción propia, con una pequeña colaboración del ICAIC cubano.

El guión fue complicado. Ana Rubio, experta en arte, tuvo la idea y fuimos avanzando en la estructura a golpe de AVE (Ana vivía por aquel entonces en Jerez) y de inacabables conversaciones telefónicas. Transcurrida una primera fase, se incorporó Fernando Costilla, que aportó una visión más cinematográfica. En definitiva, un guión “a tres bandas“, difícil, por estar entre el ensayo, el documental, la ficción y la nada.

El rodaje fue lo mejor y lo peor que nos ha pasado nunca, todo a la vez. Pesadilla y sueño fascinante. Dolor y placer. Risa y casi llanto. Teníamos todo cronometrado. No se podía desaprovechar ni un minuto porque solo contábamos con 17 días de estancia en La Habana, que eran las vacaciones que habíamos podido solicitar en nuestro trabajo.

Dedicamos los primeros días a la preparación, que fue complicada. El documental iba a retratar de una manera peculiar la obra de 15 artistas latinoamericanos que en aquel momento exponían en la Bienal de Arte de La Habana. Hubo que solicitar mil y un permisos a los artistas, a los lugares de rodaje, al ICAIC -que participaba en la producción-. Producir allí significaba acudir directamente a los lugares a realizar las gestiones por la escasez de teléfonos y su mal funcionamiento. Además, chocábamos con una concepción del tiempo muy distinta que frenaba nuestro ímpetu para ir más deprisa.

Ocurrió de todo. La primera cámara, de super-16, rayó el negativo de los 4 primeros días de rodaje (más de la mitad, ya que habíamos estimado rodar en una semana). El material era inservible. En aquel momento no había cámara alternativa de super-16 en la isla. La opción del ICAIC era pasar a 35 mm. Lo ocurrido y el cambio suponía un incremento importante del coste. Pasé una noche sin dormir, tomando decisiones. Decidí que seguíamos adelante. El objetivo era rodar el material y luego volver a España y conseguir más financiación para la postproducción.

No fue la única noche sin dormir.

Hubo que volver a pedir todos los permisos y realizar todas las gestiones de artistas y localizaciones una segunda vez. El cuarto día del segundo rodaje, recibimos otro mazazo: la cámara de 35 mm tenía un problema de fijación, el material volvía a resultar inservible. Conseguimos otra cámara de 35 mm y la decisión fue empezar de nuevo.

Cuando empezamos el tercer rodaje, la Bienal estaba cerrando sus puertas y en algunos casos conseguimos rodar las obras en la casa de los propios artistas. La producción se complicó de un modo tremendo. Además tuvimos problemas de negativo y en los últimos planos resultó que solo podíamos ir a una toma.

Durante aquella guerra de nervios, gestiones y decisiones, hay que destacar la labor de Juan Manuel Martínez, jefe de producción, que realizó la producción de casi 3 documentales con una cantidad ingente de localizaciones en 17 días; la paciencia y el trabajo impecable de fotografía que hizo Rafa García que, además, ayudó como todos en la producción y en lo que hizo falta para conseguir que “Confluencias” fuese adelante; la disposición que sólo se tiene con la amistad que demostró Ovidio González, responsable por aquel entonces del laboratorio de la Escuela de San Antonio que, después de largas conversaciones, accedió a ser el personaje de ficción protagonista de “Confluencias”; y la profesionalidad a prueba de rodajes accidentados que tuvieron los técnicos del ICAIC y de la Escuela de Cine que participaron en la película.

Recuerdo tantas cosas … La estancia de los que viajábamos desde Madrid en una casa particular, la de Carmen Serrano, que nos acogió como a unos familiares a los que mimó, alimentó (¡qué cenas estupendas preparaba para todo el equipo!) y hasta aconsejó en los momentos difíciles. El coche de producción, mínimo, de un vecino de nuestra Carmen que se incorporó al rodaje como un elemento indispensable e insustituible. El travelling que daba saltitos que los ayudantes de cámara dominaban, no sé cómo, controlando la posición de las vías. La familiaridad de la gente de La Habana Vieja, que incorporó a nuestro equipo como parte de su paisaje cotidiano. Estar cambiando el rol continuamente, de productora a directora y, por las circunstancias, más productora que directora. La calidez de los artistas. La belleza que nos rodeaba que no teníamos tiempo de disfrutar.

Terminamos de rodar nuestro “tercer documental” poco antes de la hora del vuelo de regreso a Madrid. Recuerdo llegar a casa de Carmen muy pillados de tiempo y tener que empaquetar todo rápidamente para no perder el avión. La despedida emocionada. Habían pasado 17 días y parecía que llevábamos 3 años viviendo en La Habana.

Recuerdo que poco después de sentarnos en el avión a Rafa, Juanma y a mí nos entró un ataque de risa, incontenible risa nerviosa. Nos montamos en ese avión sin saber cómo estaba una gran parte del material del tercer rodaje.

Llevó bastante tiempo conseguir financiar la postproducción. Mientras, dos latas de nuestra película estuvieron unos días perdidas en Barajas. Aparecieron y, después de varios meses y de avatares diversos, sobre todo en la edición de sonido, conseguimos finalizar “Confluencias”.

La película tardó tiempo en encontrar su camino, pero cuando lo hizo, empezó una senda que no dejó de sorprendernos. Televisión Española compró los derechos de emisión, formó parte de la sección oficial de festivales internacionales destacados y, con el tiempo, ganó el Premio Goya al Mejor Cortometraje Documental.

Ahora recuerdo con nostalgia aquellos días en La Habana, entre el calor húmedo y los mil problemas técnicos. Esa ciudad siempre irá conmigo por ser como es pero, también, porque allí descubrí que, si era capaz de tirar adelante un proyecto con casi todo en contra, debía ser porque llevaba el cine dentro.

Volver a La Habana es una asignatura pendiente.  Volver a empezar.

18 comentarios en “CONFLUENCIAS: DESCUBRIR EL CINE EN LA HABANA

  1. En la vida, cuando se tiene claro, hay que ser muy cabezota. Si no es así, nada se consigue terminar.

    Es como el guión de una película: tu objetivo era realizar tu proyecto, y todo eran obstáculos. Final feliz.

    Saludos.

  2. Teresa Fernandez Ramos

    Que bonito y emocionante lo que cuentas Pilar!! como me hubiese gustado vivir la experiencia tambien. Enhorabuena por este trabajo tan maravilloso guapa. Besos. Teresa.

  3. Ana Rubio

    Cuando veo el árbol flamboyán aquí en las Canarias, me acuerdo tanto de la Habana ..y de esta experiencia artística y cinematográfica importante y fascinante en mi vida. Gracias por el relato y por refrescar y completar…la memoria …

  4. Pingback: Confluencias en La Havana vieja | Underdogs

  5. GRACIAS PILAR POR ENVIARNOS ESTA RESEÑA DE TAN PRECIOSA ISLA.
    ESPERO QUE SIGAS ESCRIBIENDO TAN FLUIDAMENTE Y QUE TENGAS EXITO FUTRUO.

    POR OTRA PARTE, PERDONA LA DEMORA EN REPSONDER TU EMAIL. PERO MAS VALE TARDE QUE NUNCA.

    GRACIAS
    NELY

    1. Muchas gracias, José Carlos. Si, el cine cubano tiene autores muy interesantes a lo largo de su historia y en el documental tienen joyas. Nosotros tuvimos la suerte de rodar con técnicos cubanos, excelentes profesionales, pero la película solo contó con una pequeña producción cubana, es española. Hasta pronto, José Carlos. Saludos.

  6. Pingback: LUIS GONZÁLEZ PALMA, LA MIRADA DE LA MEMORIA EN MADRID | lacalledelavida

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