QUERIDO MAESTRO

 

Hace unos cuantos años el Círculo de Bellas Artes organizaba talleres de cine que concluían con el rodaje de un cortometraje en 35 mm. Pilar Miró, Manuel Gutiérrez Aragón o Miguel Picazo fueron algunos de los directores de aquellos cursos. También Berlanga.

Para los que por entonces estabamos formándonos y tratando de desentrañar el mundo del cine,  aquellos talleres nos ofrecían la estupenda posibilidad de conocer la forma de trabajar de diversos directores y también de enfrentarnos a la aventura de realizar un cortometraje bajo su guía.

Recuerdo que el taller que impartió Berlanga comenzó con un seminario en la Sala Fernando de Rojas que duró un fin de semana.  Éramos muy jóvenes y admirábamos a aquel señor de mirada sonriente que nos contaba anécdotas de sus películas como si no fuesen suyas, sin darles mayor importancia. A veces no se acordaba de alguna fecha y acudía, divertido, a la increible memoria de Kepa Sojo, también alumno del taller, que preparaba la tesis sobre Berlanga y conocía todos los datos al dedillo.

Pasado aquel fin de semana delicioso de charla con Berlanga, nos enfrentamos al verdadero taller: el rodaje del cortometraje.

Durante una semana recorrimos con un equipo de 35 mm. diversas dependencias del Círculo y una localización en Rivas-Vaciamadrid intentando rodar un cortometraje llamado “Cándida”. Berlanga no se limitaba a darnos algunos consejos, se quedaba con nosotros durante todo el rodaje. Acabábamos muchos días de madrugada y él estaba allí, disfrutando. Porque lo asombroso era que este SEÑOR -con mayúsculas-, que había rodado películas como “Plácido” o “El verdugo” estaba encantado en el rodaje de un cortometraje. Le gustaba oirnos y charlar con gente joven pero, sobre todo,  transmitía vivir con una pasión intensa el ambiente de un rodaje.

Para emular a un verdadero equipo de cine quiso que cada uno de nosotros asumiese una función en aquel rodaje. A Chema de la Peña y a mi nos tocó ser ayudantes de dirección. Recuerdo su buen humor y entusiasmo. Recuerdo noches de bocatas y risas en una terraza del Círculo de Bellas Artes en un mes de junio, ya caluroso, de Madrid. Recuerdo la paciencia cuando los técnicos necesitaban más tiempo. Recuerdo las bromas cariñosas cuando yo intentaba ordenar el rodaje, según me indicaba, con un tono de voz demasiado suave. Recuerdo especialmente como era capaz de trasladar a los actores al punto que quería, empleando con cada uno estrategias diferentes aunque, según él, no tenía ni idea de dirigir actores, esto se lo oímos decir de forma constante. Aquellos días se tiñeron de generosidad por parte de Berlanga. De caos y humor.

Aquella semana fue significativa para todos. En mi se fue fraguando la certeza de que, de una u otra manera, el cine iba a estar en el primer plano de mi vida y esto tenía mucho que ver con el hecho de haber podido vivir de cerca la felicidad de Berlanga en aquel rodaje. Salvando todo tipo de distancias, queríamos “hacernos mayores” como Berlanga, disfrutando totalmente de nuestra profesión.

Acabó el taller y creo que a todos nos quedó  un regusto agridulce. Para los que participamos supuso un acicate tremendo: habíamos sido unos privilegiados rodando aquella semana con Berlanga y lo sabíamos. Pero también éramos conscientes de que, en adelante, volveríamos a ver al maestro sólo en momentos puntuales.

Pasados algunos años envié a su oficina una copia en vídeo de uno de mis cortometrajes, con timidez y acompañado de una pequeña nota en la que venía a decirle que quizás ya no se acordase de mí, pero que me hacía ilusión remitirle uno de mis cortos.  Alrededor de un mes después recibí una respuesta cariñosa firmada por él con algunos comentarios, que conservo.

Transcurridos algunos años más, trabajando en el departamento de cine de la Comunidad de Madrid, tuve el placer de estar en contacto con Berlanga cuando le dieron la Medalla de Oro de la Comunidad y en alguna otra ocasión. Una de las veces me armé de valor para intentar decirle que aquella semana rodando con él había supuesto para mi el impulso final para dedicarme al cine y al audiovisual. Casi no me dejó acabar. Sonriendo susurró algo así como “anda, anda, qué tontería…si, si, me acuerdo de ese curso, que rodamos en el Círculo y en un pueblo…¿cómo se llamaba?…”  

Ayer me enteré tarde de su fallecimiento, hacia las seis. Desde entonces  no dejo de recordar al Berlanga sonriente de aquel curso, a los compañeros y los proyectos e ilusiones de entonces y de ahora. El cine.

¡Muchas gracias, maestro! Siempre el cine.

Un comentario en “QUERIDO MAESTRO

  1. Estoy de acuerdo en lo importante que es conocer, al menos, a un maestro, verlo de cerca. Yo tuve la suerte (soy arquitecto) de hacer quinto curso -y el fin de carrera- con Alberto Campo Baeza, y esos meses cambiaron completamente mi vida. Hace tiempo que quisiera escribir algo sobre él y nunca me encuentro preparado; te aseguro que he pensado en él casi todos los días de mi vida, con un cariño y un agradecimiento que me traspasa. Ay, maestros… ¡Y qué pocos para tanto como los necesitamos!
    Así que creo comprender lo que puedes sentir por Berlanga. Me parece que dar con ellos está más en nuestro destino que en cualquier otro cálculo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s