LA CANTERA

 

 

Artículo publicado en la web de We Love Cinema en primavera de 2010

 

Elegir una película representativa de una década es un reto difícil. Mucho más si tenemos en cuenta que en el concepto “película” caben todo tipo de formatos: largometrajes, mediometrajes y cortometrajes. Sin embargo, los trabajos de una duración diferente a la que actualmente es aceptada para su explotación en salas comerciales (largometrajes), parecen quedarse en los márgenes de encuestas y opiniones, fundamentalmente porque solo un público minoritario accede a estas películas “cortas” a través de su exhibición en festivales, muestras, páginas web y eventos cinematográficos diversos.

 

Sin embargo y, aunque este dato no sea especialmente conocido por el público general, entre el año 2000 y el 2009 ha habido en España una importante producción de cortometrajes. Manejando únicamente las cifras de las películas calificadas por el Ministerio de Cultura (inferior a la cantidad real porque no todos los cortometrajes realizados se presentan a la calificación oficial y, además, el desembarco del vídeo digital ha tenido como consecuencia que la producción aumente progresivamente), nos encontramos con los datos siguientes:

2000 – 109 cortometrajes

2001 – 168 cortometrajes

2002 – 171 cortometrajes

2003 – 137 cortometrajes

2004 – 184 cortometraje

2005 – 165 cortometrajes

2006 – 214 cortometrajes

2007 – 155 cortometrajes

2008 – 211 cortometrajes

2009 – 239 cortometrajes

 

En total, en el período 2000-2009 han sido calificados por el Ministerio de Cultura español 1.753 cortometrajes.

La cifra es impactante y, ya solo este dato meramente cuantitativo, pone de relieve la importancia que tiene el cortometraje en el panorama complejo del cine y del audiovisual español. Estos 1.753 cortometrajes han utilizado en mayor o menor medida, dependiendo de las características del proyecto, los servicios de empresas vinculadas a la producción o postproducción. Probablemente esto suponga un porcentaje pequeño de los ingresos de estas empresas, pero es una aportación y además, aunque un tanto por ciento bajo, está en crecimiento. Este dato no se comenta casi nunca y es interesante. Pero, más importante que este factor es el papel que juega el cortometraje en la industria facilitando y ampliando la experiencia y la formación de nuevos técnicos, actores y directores. Sólo por esta cuestión, por la posibilidad que ofrece el cortometraje para que puedan trabajar, experimentar y encontrarse personas que están iniciando o desarrollando su trayectoria profesional, merecería una consideración y un apoyo mayor por parte de todos los agentes implicados en el sector. Y no es el único factor a tener en cuenta, como intentaremos esbozar a continuación.

 

La difícil pregunta lanzada por Welovecinema acerca de la mejor película de la década, me ha llevado a reflexionar y recordar la evolución del cortometraje durante estos años. Repasando mentalmente muchas películas, de cualquier metraje, hay una clara y lógica correlación entre el cortometraje -que, por supuesto, es en si mismo un género, pero que también sin duda, como acabamos de apuntar, es una cantera de personal técnico y artístico para la industria- y ejemplos interesantes, muy diversos, de largometrajes. Algunos trabajos importantes del cine de corto formato han anunciado películas interesantes de larga duración de directores noveles. Es una correlación lógica que la industria y las entidades que apoyan al cine y al audiovisual deberían analizar y tener en cuenta a la hora de trabajar de una manera más profunda todas las líneas de apoyo a la cinematografía.
Estos días nos hemos visto gratamente sorprendidos por el éxito del largometraje Buried de Rodrigo Cortés en el Festival de Sundance. Según parece, los espectadores han soportado colas de horas bajo la nieve para ver esta película. Las críticas han sido excelentes, como en general también lo fueron las de Concursante (2007), su anterior largometraje. Recordemos que Cortés ganó muchísimos premios con sus cortometrajes 15 días (2000) y Yul (1998) que ya apuntaban elementos de estilo de sus posteriores largometrajes.

 

Retrocediendo en el tiempo, en 2009 encontramos espléndidos ejemplos de largometrajes dirigidos por autores que ya destacaron en el mundo del cortometraje. Sus formas de acercarse a la dirección son muy distintas, ven el cine desde distintos géneros y a partir de supuestos formales muy diversos. Han aportado mucho en el cine “en corto” y han empezado a mostrar que pueden hacerlo en el audiovisual de cualquier duración.

 

Quizás el nombre que se ha hecho más popular entre los directores que, teniendo una trayectoria en el mundo del cortometraje, han empezado a dirigir largometrajes en esta década, es el de Daniel Sánchez Arévalo (Profilaxis, 2003; Exprés, 2003; La culpa del alpinista, 2004; Física II, 2004). Su película Azuloscurocasinegro (2006), que tuvo la peculiaridad de utilizar como base de su guión el argumento de su cortometraje Física II, inició su explotación comercial tras ganar el premio del Festival de Málaga. Sánchez Arévalo siempre ha declarado que el no abandonará la dirección de cortometrajes y cumplió su palabra en 2007, rodando Traumalogía. A continuación ha vuelto al largometraje en 2009 con la película Gordos, que ha obtenido 8 nominaciones a los Goya 2010. Actualmente prepara Primos, una nueva comedia que empezará a rodar en mayo de 2010.

 

Javier Rebollo, sólido director de cortometrajes (En medio de ninguna parte, 1997; El equipaje abierto,1999; ¡Hola, desconocido!, 1998; En camas separadas, 2002), siempre  ha reivindicado el cortometraje como género mayor, “no lo considero trampolín ni salto a nada, sino un sitio del que ir y venir como otros directores europeos hacen de manera saludable como Agnes Vardá o Chantal Akerman”. En 2009 obtuvo la Concha de Plata al Mejor Director del Festival de San Sebastián por La mujer sin piano, su segundo largometraje tras Lo que se de Lola (2006) que también consiguió el premio a la Mejor Película en el AFI Festival de Los Ángeles, uno de los certámenes de cine más importantes de Estados Unidos. Como no podía ser de otra manera, en los largometrajes de Rebollo seguimos apreciando el estilo que caracterizó sus cortometrajes (puesta en escena despojada y escasez de diálogos, prescindiendo de elementos explicativos superfluos).

 

En San Sebastián 2009 también tuvo buena acogida la película Yo también, una apuesta de los directores Alvaro Pastor y Antonio Naharro, premiando el trabajo de los actores protagonistas, Lola Dueñas y Pablo Pineda. La película se acerca desde nuevas perspectivas al mundo del síndrome de Down, rompiendo prejuicios. Los directores ya habían abordado este tema anteriormente en su cortometraje Uno más, uno menos (2002). Los dardos del amor (1998) e Invulnerable, ya habían mostrado el trabajo profundo de los directores, especialmente en la dirección de actores.
Un director/guionista que ha destacado en el mundo del cortometraje por un humor ácido y personal y por la brillantez de sus diálogos, es David Planell (Carisma, 2003; Ponys, 2005; Banal, 2006). También ha llevado en 2009 a las pantallas su primer largometraje, La vergüenza, una producción ajustada -nada difícil para él teniendo en cuenta los elementos con los que hizo sus cortometrajes- que nos transmite un drama de una familia en un contexto de crítica de la hipocresía social y que ganó el premio a la Mejor Película del Festival de Málaga.

 

Gary Piquer, recorrió en 2003 Trece kilómetros bajo la lluvia de la mano de Alvaro Brechner (también director de los cortometrajes Sofía -2005- y Segundo aniversario -2007-) y en 2009 nos ha sorprendido con una brillante interpretación en Mal día para pescar, primer largometraje de Brechner que, como muchas de las películas que vamos a citar, no ha tenido la promoción que merecían, ni ha llegado a un número de espectadores que tenga correlación con su calidad.
Guillermo Toledo, Blanca Romero y Tristán Ulloa también emprenden un viaje en After, en este caso al corazón de la noche, desde la soledad y la insatisfacción. Este es el tercer largometraje de Alberto Rodríguez tras el éxito de 7 vírgenes (2005) y El traje (2002). Recordemos que antes había dirigido El factor Pilgrim junto a Santi Amodeo, también compañero de fatigas de sus cortos (Bancos, 1999). Por su parte, Amodeo también ha realizado en solitario dos largometrajes interesantes, Cabeza de perro (2004) y Astronautas (2006).
 

 

La comedia ha tenido un buen exponente en 2009 con Pagafantas de Borja Cobeaga, una película que nos transmite el especial sentido del humor que el director ya nos había dado a conocer en su desternillante La primera vez (2001) y en Éramos pocos (2005), cortometraje que, recordemos, estuvo nominado a los Oscar en la categoría de Mejor Cortometraje de Ficción en su 79ª edición en 2007. Durante esta década también han destacado en este género Inés París y Daniela Fejerman que dirigieron en 2002 A mi madre le gustan las mujeres y en 2005 Semen (una historia de amor). Su humor ya se manifestaba en los cortometrajes que rodaron anteriormente: Vamos a dejarlo (1999) y A mi quien me manda meterme en esto (1997).
 

 

Tres días con la familia es el primer largometraje de Mar Coll, que tan solo con un cortometraje anterior en su currículo (La última polaroid, proyecto de fin de carrera en la ESCAC en 2004), ha encontrado con este drama familiar un lugar favorable en la crítica y en los festivales. Obtuvo en 2009 la Biznaga de Plata en el Festival de Málaga y es candidata al Goya a la Mejor Dirección Novel 2010. Esta película es una producción de Escándalo Films que ya apostó en 2007 por la directora Roser Aguilar, autora de Lo mejor de mi, que consiguió con esta película el Leopardo de Oro a la mejor directora en el Festival Internacional de Locarno. Roser había dirigido antes el cortometraje Cuando te encontré (1999), también como práctica de la ESCAC.
 

 

En 2009 Javier Fesser consiguió 6 Premios Goya, entre ellos el de Mejor Película y Mejor Dirección con su película Camino, un drama que muestra su versatilidad como director después de recorrer todo un “camino” desde sus cortometrajes (Aquel ritmillo, 1994; El secdleto de la tlompeta, 1995; Binta y la gran idea, que formó parte del proyecto En el mundo a cada rato capitaneado por el productor José Manuel Serrano, siempre promoviendo películas de corte social), hasta sus largometrajes El milagro de P.Tinto y La gran aventura de Mortadelo y Filemón, grandes éxitos de taquilla.
 

 

Casual day, un drama que ahonda en aspectos del mundo laboral utilizando como pretexto una práctica empresarial importada de Estados Unidos, ha sido la primera incursión de Max Lemcke en el mundo del largometraje. Con esta película ha obtenido los principales premios de 2009 del Círculo de Escritores Cinematográficos, después de su trayectoria en el mundo del cortometraje (Pequeñas historias entre ventanas y teléfonos -2000-; Paleópolis -1999-; La vida imposible -1996-; Todos os llamáis Mohamed -1997-; Mi última compañera -1991-).
 

 

En 2008 vivimos el gran éxito de José Antonio Bayona, ex alumno de la ESCAC que con El orfanato rompe las previsiones de taquilla (4.420.085 espectadores) y nos sorprende consiguiendo 7 estatuillas de los Goya, entre ellas las de Mejor Director Novel y Mejor Guión Original. Anteriormente había rodado dos cortometrajes Mis vacaciones (1999) y El hombre esponja (2002), en ambos explora en tono de comedia y de drama el mundo de la niñez. También un niño es el protagonista de su primer largometraje, en este caso, en un tono fantástico.
 

 

También 2008 fue un buen año para Félix Viscarret que consiguió ganar el Goya al Mejor Guión Adaptado por su largometraje Bajo las estrellas, por el que también Alberto San Juan obtuvo el Goya al Mejor Actor. La película tuvo otras cinco nominaciones, incluida la de Mejor Director Novel. En años anteriores Félix había destacado con sus cortometrajes Los que sueñan despiertos (2005), El álbum blanco (2004) y Canciones de invierno (2004), historias en las que también se puede comprobar la soltura y buen hacer de Viscarret como guionista.
 

 

Retomando nombres que han realizado largometrajes después de trabajar en el cortometraje también en 2008 encontramos, entre otros, a David Ulloa y Tristán Ulloa (realizaron Ciclo en 2002) que lanzan un difícil drama familiar, Pudor, que resuelven con buen pulso. También a Juan Vicente Córdoba que nos llevó con su documental Flores de Luna a conocer los orígenes de un barrio, Entrevías, que ya había sido escenario de su cortometraje más premiado (Entre vías, 1995) y que también había sido una localización destacada de su interesante largometraje Aunque tú no lo sepas (2000), que llevó a la pantalla el relato de Almudena Grandes El lenguaje de los balcones.
 

Una tendencia general de la década ha sido la apertura del cine español que amplía sus fronteras de géneros, influencias y temas. Una buena muestra de ello es la película Los cronocrímenes (2007). Nacho Vigalondo que consiguió la nominación al Oscar en 2005 con el cortometraje 7.35 de la mañana, intenta con esta historia de viajes en el tiempo, volcar el talento que ha demostrado en el mundo del cortometraje, género también de su película Choque (2005).

 

El terror también muestra esta apertura a la producción de películas de género del cine español de la década. Quizás REC de Jaume Balagueró y Paco Plaza haya sido la punta de lanza de esta tendencia, alcanzando 1.428.468 espectadores. Pero no olvidemos a destacados cortometrajistas, como Koldo Serra que logra dirigir el largometraje Bosque de sombras en 2006, después del éxito de El tren de la bruja (2003) y Amor de madre (2003) y de colaboraciones en los trabajos de amigos como Nacho Vigalondo.

 

En 2005 Chema de la Peña (El negocio es el negocio, 1994; Lourdes de segunda mano, 1995) y Gabriel Velázquez (Parabellum, 1998; London calling, año 2000; Soldaditos de latón, 2001) sorprenden con Sud Express, una película de ficción con un interesante tono documental y con actores no profesionales en su reparto. El título quizás más emblemático de los dirigidos hasta ahora por Chema y Gabriel.

 

Manuel Martín Cuenca (Hombres sin mujeres; 1999; Nadie, un cuento de invierno, 2001) es otro nombre interesante de director nacido al largometraje en esta década. Cambiando de registro sin problemas entre la ficción y el documental, Martín Cuenca nos muestra su buen hacer en La flaqueza del bolchevique (2003) y continúa su trayectoria con Malas temporadas (2003) y últimamente con un documental hecho, mano a mano, con José Luis López Linares (Últimos testigos, 2008).
También estos años hemos visto como nombres asentados de la industria, como la directora Icíar Bollaín, han realizado cortometrajes que luego han sido la base de alguno de sus largometrajes. Icíar realizó un cortometraje en el año 2000, Amores que matan, en el que trató el tema de las terapias para hombres maltratadores que también incluiría en la reconocida película Te doy mis ojos (2003). Otro caso es el de Mateo Gil, coguionista de las películas de Amenábar que ha vuelto al cortometraje en 2009 con Di me que yo, varios años después de su primer largometraje (Nadie conoce a nadie, 1999) y tras el destacado éxito que tuvo años atrás su corto Allanamiento de morada (1998).

 
Al comienzo de la década nos encontramos con nombres que nos han regalado buen cine estos años. 2001 fue el año de El Bola, película dirigida por Achero Mañas que ganó cuatro Premios Goya, entre ellos el de Mejor Dirección Novel y Mejor Película. Este éxito tenía buenos antecedentes, los cortometrajes Cazadores (1997, Premio Goya Mejor Cortometraje de Ficción en 1998) y Paraísos artificiales (1998). Achero dirigió en 2003 el largometraje Noviembre y en 2010 ha estrenado Todo lo que tú quieras. Juan Carlos Fresnadillo se hizo popular cuando su cortometraje Esposados fue nominado al Oscar al Mejor Cortometraje de Ficción en 1996. Después dirigió Intacto en 2001, largometraje con el que ganó el Premio Goya al Mejor Director Novel y en estos años ha estado trabajando en Estados Unidos donde rodó 28 semanas después, un largometraje de ciencia ficción que muestra el buen oficio del director. En 2010 se lanzará su largometraje Bioshock, basado en el argumento del videojuego.
 
 
Los nombres anteriores constituyen un listado incompleto de directores que en esta década han dado pasos entre el cortometraje y el largometraje (Roberto Santiago, Alex Pastor, Luis Berdejo, Chiqui Carabante, Ramón Salazar, Rafa Russo, Irene Cardona, Gabe Ibáñez son algunos otros directores).

 

A todos estos nombres (los especificados y los que podéis añadir los lectores) se sumarán pronto los de varios directores que también han tenido una interesante trayectoria en el mundo del cortometraje. Oskar Santos con su cortometraje Torre (2000) ya avanzaba su interés por el thriller psicológico. El Festival Internacional de Berlín  ha sido testigo en 2010 del estreno de El mal ajeno, su primer largometraje, producido por Alejandro Amenábar y con guión de Daniel Sánchez Arévalo.

 

Eduardo Chapero-Jackson, que siempre nos ha sorprendido con la esmerada puesta en escena de todos sus cortometrajes (Contracuerpo, 2006; Alumbramiento, 2007; The End, 2009), está preparando Verbo su primer largometraje.

 
Tres antiguos alumnos de la Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid (ECAM) van a llevar sus primeros largometrajes a las pantallas en 2010. Se trata de José Manuel Carrasco que destacó con Padam, su cortometraje de fin de carrera, con el que ganó múltiples premios, como también lo ha hecho con sus dos siguientes trabajos: Consulta 16 (2008) y Pulsiones (2009). En 2010 se ha estrenado su largometraje El diario de Carlota. Rodrigo Rodero (Kundas, 2003; Chatarra, 2004; Seis o siete veranos, 2006) estrenará El idioma imposible, una adaptación de la novela homónima de Francisco Casavella, un retrato de la Barcelona marginal de los años 80, firmando el guión junto a Michel Gaztambide. También fue alumno de la ECAM el montador David Pinillos, que dirigió en 2006 el cortometraje Dolly y que ha rodado recientemente el largometraje Bon Appetit, una coproducción española, italiana, suiza y alemana.
 
 
Juana Macías estrenará en el Festival de Málaga su primer largometraje de ficción, Planes para mañana. Una película que narra historias cotidianas de la vida de cuatro mujeres. Su trayectoria en el mundo del cortometraje comienza con el Premio Goya al Mejor Cortometraje de Ficción por Siete cafés por semana (1999). Después rueda La Yaya (2002), Otra vida (2003) y Frozen Souls (2006).

 

Enrique Gato y su productor Nicolás Matji (Tadeo Jones, 2004; Tadeo Jones y el sótano maldito, 2007, ambos ganadores del Goya al Mejor Cortometraje de Animación) están produciendo un largometraje con más aventuras de Tadeo Jones, el protagonista de sus cortometrajes. La animación y el documental merecerían un análisis independiente y detallado. Solo queremos aquí destacar el importante aumento de la producción de cortometraje documental y la diversidad de técnicas y estilos de la animación en esta década.

 
Otros directores y directoras que también han destacado en el mundo del cortometraje, están preparando proyectos de largometrajes o están en puertas de poder hacerlo. Se trata de nombres como:

– Fernando Franco (Mensajes de voz; Tu (a)mor, 2009)
 
– Arturo Ruiz (Expediente WC, 2002; Siete, 2004; Paseo, 2007)
 
– Toni Bestard (Die Grüne dattel -o como un dátil acabó con 25 años de feliz matrimonio, 2001; Solo por un tango, 2001; Gatos, 2002; El viaje; Equipajes, 2006; El anónimo caronte, 2007), que ha colaborado con Arturo Ruiz, guionista de El viaje y Equipajes y productor de El viaje.
 
– Isabel de Ocampo (Cría zapatillas y te sacarán los cordones, 2000; Tus labios, 2002; Espermazotoides, 2005; Miente, 2008, premio Goya mejor cortometraje de ficción; En la línea azul-in the blue line, 2008).
 
– Jorge Torregrosa (Mujeres en un tren, 2000; Desiré, 2001, Manchas, 2004; Verano o los defectos de Andrés, 2006)
 
– Esteban Crespo (Siempre quise trabajar en una fábrica, 2005; Amar, 2006; Fin, 2006; Lala, 2009).
 
– Elías León Siminiani (Dos más, 2001; Archipiélago, 2003; Ludoterapia, 2007; El tránsito).
 
– Vicente Villanueva (El futuro está en el porno, 2006; Mariquita con perro, 2007; Heterosexuales y casados, 2008; La rubia de Pinos Puente, 2009).
 
– Xavi Sala (60 años, 2003; Maleteros, 2003; Los padres, 2004; Hiyab, 2005; En el instituto, 2006; La parabólica, 2006).
 
– Ione Hernández (Aizea, la ciudad del viento, 2001; participación en Los diminutos del calvario II, 2003; Juego, 2006; El palacio de la luna, 2008)
 
– Lucas Figueroa (Boletos por favor, 2006; 24…eh (ouch!), 2006; Porque hay cosas que nunca se olvidan, 2007)
– Joan Carlos Martorell (Microfísica, 2008; Icondicional, 2009)
 

 – David Martín de los Santos (Llévame a otro sitio, 2001; En el hoyo, 2006)
 

 

Hay muchos más: Sergio Barrejón, Lucina Gil, José Carlos Ruiz, Carlota Coronado y Giovanni Macelli, Alauda Ruiz de Azua, Alberto Ruiz Rojo, Darío Stegmayer, Ana Martínez, por citar algunos.

 

En este breve recorrido faltan muchos nombres. Hemos citado solo algunos y, de antemano, pedimos disculpas a los no nombrados. Que cada lector añada los que considere oportunos. Habría, además, que sumar nombres procedentes de los cortometrajes que quedan fuera de los contabilizados por el Ministerio de Cultura. Pero estas notas no tienen una pretensión enciclopédica, únicamente quieren mostrar, a través de algunos ejemplos, las importantes aportaciones que ha hecho el mundo del cortometraje al largometraje en la última década en España.

 

Hemos hablado únicamente de directores, pero sería interesante, aunque muy complicado, que se pudiese realizar un análisis de otros miembros del equipo de una película: productores, directores de fotografía, sonidistas, etc. Sería importante poner en valor todo lo que el cortometraje, además de cómo género en si mismo, aporta al mundo del cine. Es mucho. Habría que apreciar adecuadamente la trayectoria que tiene un técnico, un director, un productor, cuando entra en el mundo del largometraje o de la televisión. El papel de la formación y de las escuelas es fundamental, pero también lo es la experiencia del cortometraje.

 

De todo lo anterior podemos sacar algunas conclusiones:

 

– El estilo y los intereses de género y temáticas de los directores de largometrajes que provienen del cortometraje están esbozados generalmente en sus trabajos en el formato corto.

 

– Estos directores trasladan su amplia paleta de formas de enfrentarse al cine del cortometraje al largometraje. El largometraje recibe nuevas propuestas, ensanchándose el abanico de géneros y de estilos de enfrentarse a la narración cinematográfica.

 

– Hay un interesante aspecto de descubrimiento de nuevos talentos de la interpretación. Director y actores que trabajan en cortometrajes en bastantes ocasiones repiten la experiencia cuando el director da el paso al largometraje, abriéndose ventanas a nuevos rostros en las pantallas del cine comercial.

 

– Las personas de los diferentes equipos técnicos ganan experiencia en el cortometraje.

 

– Los directores formados en los presupuestos ajustadísimos de los cortometrajes, están acostumbrados a la escasez de elementos y ese entrenamiento les puede servir para enfrentarse con éxito a películas de bajo presupuesto.
 

En general, la aportación de talento y nuevos nombres del cortometraje al largometraje es importante y hay que reseñar y divulgar este valor.

 

En un mundo audiovisual absolutamente cambiante, sacudido por cambios tecnológicos trascendentales (soportes digitales en la producción y exhibición, el impacto de internet, la estereoscopia, cambios esenciales en la difusión televisiva, por citar algunos) que nos llevan hacia otra forma de concebir el cine y el audiovisual, incluyendo el modelo de negocio que, además, también se ve afectado por modificaciones sustanciales de carácter sociológico en las formas de los espectadores de acercarse y ver el cine y el audiovisual, en las arenas movedizas del cine y del audiovisual actual, el papel que puede jugar el cortometraje es muy interesante.

Quizás, con el tiempo, los formatos aceptados como comerciales sufran un cambio radical. Quien sabe hasta donde puede llegar el cambio en los soportes utilizados para ver el audiovisual (ya estamos utilizando móviles, ordenadores de pequeño tamaño, etc). La falta de tiempo de los espectadores, por el ritmo de la sociedad, unido a esa diversidad de soportes parece favorecer el auge del cortometraje. Quizás la evolución de todo esto concluya con la determinación de espacios diversos de difusión para películas de muy diferentes duraciones. Habrá que estar muy atentos a este cambio, profundamente complejo, que tiene muchos elementos interrelacionados entre sí.

En cualquier caso, y sin querer entrar en arriesgadas predicciones de futuro, los cortometrajes serán siempre películas con un valor en sí mismas, se vean de la forma en que se vean. Pero este singular momento actual añade nuevos elementos a ese valor añadido que ya tienen como “cantera”. Hoy por hoy, el cortometraje puede aportar nuevos nombres con capacidad de adaptación a esta transición audiovisual y sorprendernos por su versatilidad.

Estemos atentos y, entre todos los implicados de una u otra manera en el mundo del cortometraje, ayudemos a difundir la importancia de tantas películas de corta duración que emocionan, entretienen, divierten y hacen reflexionar a la gente que tiene la opción de verlas. Ayudemos a abrir ventanas para estas historias. Desde su papel en el presente del cine y mirando al futuro, pongamos en valor el cortometraje.

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