AMORES MÍNIMOS (RELATO 11 – EL CARTEL)

Te encontraré.

Buscándome

te encontraré.

 

La televisión está encendida. Un hombre de mediana edad se recuesta en un sillón frente a ella. Junto a él, un portátil abierto en una página de búsqueda de empleo y un móvil. Su mirada apunta hacia el aparato pero parece recorrer otros universos. Apenas balbucea un “hasta luego” cuando Enok, su hijo, atraviesa el salón.

 

La primavera asalta por fin la ciudad. En la calle, el verdor de los árboles hace que Enok olvide el rostro ausente de su padre, esa distancia que dura ya más de un año, desde el día en que llegó a su trabajo y encontró una carta de despido encima de su mesa.

 

Un sol intenso ilumina el barrio de Carabanchel y él camina por la acera, disfrutándolo, mientras revisa en el móvil los mensajes que ha estado recibiendo desde ayer de algunos colegas de la facultad. La cita es en pleno centro de Madrid.

 

Ana abre la caja registradora y calcula el cambio de las consumiciones que tiene que cobrar. Los clientes abarrotan la barra y el alboroto de las voces hace difícil oír lo que piden. Pronto, en la pared del fondo un reloj antiguo señala la hora de salida de Ana que enseguida se dirige hacia la cocina, recoge sus cosas y se despide con una amplia sonrisa de sus compañeros.

 

Un sol radiante recibe a Ana cuando sale a la calle estrecha del centro de Madrid donde está situado el bar en el que trabaja. Se encamina hacia la Puerta del Sol a tomar el metro hacia la facultad, donde cursa su doctorado. Será el broche de oro para un brillante currículum de licenciada en periodismo que no le ha servido, de momento, para encontrar trabajo en la que aspira que sea su profesión.

 

Cuando llega a la calle de Carretas ve toda una muchedumbre en la plaza. Duda. En realidad desde ayer, desde el momento en que recibió el primero de una serie de mensajes, duda. Camina lentamente la calle mirando al fondo, debatiéndose consigo misma.

 

Enok sale del metro y se queda perplejo, sin saber hacia donde mirar, asombrado. La plaza se ha convertido en un campamento organizado por zonas. Pasados unos minutos se encuentra a gente de la facultad y colabora en las actividades que puede. En el momento en que concluye sus tareas en la zona de avituallamiento, se encamina hacia el espacio donde se elaboran carteles y cumple su ilusión: escribe dos lemas.

 

Después, con gesto de satisfacción, se dirige hacia la verja de entrada del metro para colocarlos allí. Al llegar se fija en una chica rubia, con una coleta que recoge un pelo abundante. Está parada, leyendo, y parece diseccionar cada palabra de cada cartel. Enok observa que se acerca mucho a las letras y deduce una cierta miopía en esa mirada profunda.

 

Ana, absorta en su lectura, no se da cuenta de que Enok no deja de mirarla.

 

Enok se coloca muy cerca de Ana y busca un hueco para su cartel, justo al lado del que ella observa en ese instante.

 

“Aquí y ahora es el momento”, lee Ana en la cartulina pintada con rotulador rojo que está colgando Enok.

 

La mirada de Ana se desplaza desde el cartel hacia el rostro de Enok, sonriente. Se detiene en sus ojos oscuros que emanan a la vez calma y fuerza.

 

– ¿Te gusta?, dice Enok

 

Ana tarda un poco en responder, sigue observando el rostro de Enok bajo un mechón de pelo rizado bastante oscuro.

 

– Si, es un buen lema. El presente es el momento.

 

– Si, sin duda. ¿Me ayudas a colgar este otro?

 

– Si, claro.

 

Ana deja su mochila en el suelo y ayuda a Enok. Al terminar, los dos observan su obra, se miran y la sonrisa de satisfacción se convierte en una risa espontánea, libre, común.

 

– Hay mucho trabajo por aquí. ¿Te quedas?

 

Ana parece dudar.

 

– Bueno, si, me quedo un rato.

 

– Estupendo. Vamos a preguntar en qué podemos ayudar. Bienvenida. Yo soy Enok, y tú, ¿cómo te llamas?

 

Ana le contesta sonriendo y los dos, charlando y caminando, se pierden en el tumulto de gente. Dejan atrás el cartel que han colgado juntos: “El futuro es ahora”.

 

En unos minutos, el cartel se despega de uno de los lados. Pero una mujer que pasa cerca vuelve a colocarlo y queda allí, bien sujeto, entre una multitud de carteles.

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