Un niño muere
mientras otro juega en una playa.
Una niña cae desvanecida
en el mismo momento en que otra come un helado frente al mar.
Un cazo vacío.
Un adolescente que corre hacia un camión.
Un disparo y la nada.
Mientras, los señores de la guerra relatan las batallas que vendrán.
Una niña muere.
Por nada.
Porque sí.
Por la sombra de la locura de algunos.
Un niño muere.
Y el mundo entero debería quedar en silencio.
Un silencio atronador
de reclamación de justicia, derechos humanos y dignidad.
Un silencio de respeto a la vida,
una petición de regreso a una infancia de juegos y cometas de mil colores.
Nota: contra todo tipo de violencia. Por el respeto de los derechos humanos y las convenciones y acuerdos que implican a todos. Por el cumplimiento de los derechos de la infancia y de las normas internacionales al respecto. Por el diálogo y la diplomacia que deberían servir para evitar cualquier guerra.

Que tristeza tan grande y que impotencia tan dolorosa. Gracias Pilar, es precioso lo que has escrito
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Si, es una impotencia muy dolorosa. Muchas gracias por el comentario!