HUÉRFANOS

•octubre 14, 2014 • 1 Comentario

cargafotos2mijaslondresgibraltar 020

Hay gente que nace a golpes, crece a golpes, muere a golpes. Su vida choca contra una hilera infinita de muros y acaba dándose de cabeza contra una de las piedras de la pared de alguno de ellos. La pobreza es la primera barrera, luego las demás se multiplican en una espiral que parece irrefrenable.

Ayer. Televisión. Noche. La imagen de un niño.¿Seis, ocho años? Tirado en la calle, como un perro, mucho peor que un perro, aislado detrás de una esquina. La multitud al otro lado. Sin acercarse.

Ese niño negro, pobre, enfermo de ébola (¿peste?), vivió mucho, lo peor, la miseria propia y la ajena, sobre todo la ajena, tirado en ese callejón de muerte. Quizás vivió toda una vida larga, eterna, en el tiempo, horas, días, lo que sea, en que estuvo solo, agonizando, tirado en la dureza de una acera de mugre, de la mugre que hay al otro lado, no de la calle, de todas las calles, del mundo. Porque el mundo entero es la negrura infinita si ese niño, esos niños, esas personas, abandonadas, mueren en la soledad de todos, de todo. En el destierro inmenso de la humanidad. En un callejón, en un país, en otro, por una enfermedad, por un virus, por otro. SOLO. SOLOS.

¡Qué paso por el mundo el de ese niño muerto solo en esa acera negra! Sintiendo el terror de la lejanía de todos, además de la enfermedad y de la cercanía de la muerte.

Me disculpáis este breve exabrupto. Unas fuentes dicen que son 4.000 los huérfanos del ébola, otras dan cifras más altas. La tragedia dentro la tragedia. Una tragedia que llega a las noticias, ¿cuántas no lo hacen más allá del ébola, en guerras desconocidas de rincones recónditos?

¿Cómo se puede preservar la infancia de tales negruras? Cada cual verá o no si hay respuestas.

El carrusel gira y vamos dando vueltas, día tras día, sin dedicar demasiado tiempo a mirar alrededor. Y la vida, mientras, juega  con una baraja marcada.

——————————————————————————————————————————

Enlace noticia:

http://www.lasexta.com/noticias/mundo/unicef-alerta-que-son-cerca-4000-ninos-huerfanos-ebola_2014101300302.html

BOYHOOD

•septiembre 20, 2014 • Dejar un comentario

“…Es que esperaba que hubiese más…”

Una mujer de mediana edad rompe a llorar ante su hijo, a punto de irse de casa camino de la universidad, después de hacer ante él un rápido repaso por su vida, para explicar con esa frase sus lágrimas.

Esas palabras, como muchas otras, como muchos momentos de la película, golpean al espectador, que asiste al apasionante desarrollo de la vida de esa familia desde dos horas antes.

…esperaba que hubiese más… Y cada espectador desde su asiento se plantea si él también esperaba más, si el tiempo se ha ido poco a poco, engullendo ilusiones que no parecen ya posibles. ¿Aún hay posibilidad de ese algo más?

Es una frase de “Boyhood” de Richard Linklater: un peliculón. En resumen. Y lo es porque ha conseguido atrapar algo extremadamente difícil, todo un conflicto vital, el del paso del tiempo. El hecho de rodar a lo largo de 12 años la historia es un elemento que ayuda a este logro, pero no sería posible sin la estructura férrea creada por el director, en la que las elipsis están maravillosamente ideadas, las secuencias están trazadas sin adorno alguno y la verdad de los personajes se persigue con todos los elementos que el cine puede utilizar para poner en escena una historia.

La historia de este niño, Mason, y su paso a la adolescencia y a la juventud, y de su familia, te clava en el asiento porque aunque retrate una familia americana, los hitos del crecimiento, las inquietudes y las grandes preguntas de Mason, de los que le rodean, llevan al espectador a la evocación de los grandes momentos de los pasos de cada uno desde la infancia a la entrada en el mundo adulto.

Un barrio de Madrid, Malasaña. Un piso de una calle popular. El eco de la
Gran Vía cercano. Todo muy alejado del marco de la familia de Mason y, sin embargo, “Boyhood” me llevó, una y otra vez, a lo largo de su metraje a los territorios de mi infancia, a las grandes preguntas de un tiempo en el que el cuaderno de la vida tiene aún muchas páginas que completar.

Nota: Para los muy interesados, recomendamos el pormenorizado análisis que ofrece la revista Caimán Cuadernos de Cine en su número de septiembre.

DEPRESIÓN “POSTPARTO”

•septiembre 15, 2014 • Dejar un comentario

ventana balconete

Una calle estrecha. La sombra del atardecer cayendo sobre fachadas de casas bajas. Al fondo, un monte verde iluminado por un sol anaranjado que anuncia el declive del día. La cámara graba el último plano de la jornada, también el último plano de los días pasados en un pequeño pueblo alcarreño, que se pierde al final de una estrecha carretera. Allí empezamos hace ya un año nuestro rodaje, de días espaciados a lo largo del tiempo.

A pesar de la discontinuidad del rodaje, la sensación es la misma que al acabar cualquier otro: vacío, inseguridad ante lo grabado y ante las decisiones del montaje que vendrá, pérdida de la emoción que supone el rodaje, con la espera e ilusión de los planos por hacer y la sorpresa ante lo que ocurra en las horas intensas de grabación.

Sentimientos contradictorios. El material está completo y pocas cosas importan y deseas más que tener la grabación cerrada cuando aún queda rodaje por delante. Sin embargo, al finalizar sientes una mezcla de vértigo y nostalgia. La “depresión postparto” acecha con frecuencia tras los rodajes y supone mucho más que cansancio después de un gran esfuerzo emocional y físico.

El descubrimiento que se hace de facetas de uno mismo durante esa intensidad casi siempre es denominador común. Sorprende y es difícil renunciar a esa sensación a veces de cambio, de superación, de descubrimiento de un caleidoscopio nuevo de matices y sensaciones.

Hoy, desde Madrid sigo paseando las calles de ese pueblo y dibujando los rostros que se han dejado fotografiar para “Demolición”, nuestro cortometraje, una pequeña pieza que será obra de la gente que vive allí, abierta, habladora y afable. Se han hecho querer y les queremos. También recordando épocas lejanas, que no hemos tenido oportunidad de vivir, pero que fueron coetáneas de algunos familiares. El pasado y el presente han jugado a confrontarse en algunos planos. En esta primera jornada tras el final de la grabación la memoria gira en espiral y me devuelve una y otra vez a aquellas tierras alcarreñas. Queridas tierras.

Y entre las imágenes que se repiten y juegan entre ellas a montar mil historias en mi cabeza, hay una que cobra más y más importancia: una reja en la fachada de una casa… Pero no entremos en esa historia, que intentará contar más adelante “Demolición”, después de toda la etapa de postproducción. Aún mucho camino y muchos descubrimientos por delante.

NUBES DE DOMINGO

•agosto 3, 2014 • 2 comentarios

644372_4878400322793_1240503454_n[1]

Las nubes avanzan en el azul de la tarde de domingo. El verano es menos verano este año. El calor ha dejado paso a una brisa mantenida que lleva acompañándonos casi toda la estación. El verano es suave casi un inicio de otoño.

El sol va olvidando la intensidad del mediodía. La ciudad adormece en el naranja de la tarde estival. Detrás de cada ventana, de miles de ventanas, un puñado de historias, rosas y cuchillos de realidad, esperan que alguien se acerque con su pluma, con su cámara, con su pincel, con músicas y sonidos, para arrancar un pedazo de verdad que se asemeje a los sucesos, los relatos personales que, día a día, en la rutina, van hilándose detrás de cristales y persianas.

La realidad es inabarcable, así es que uno deja de mirar a pie de tierra y bucea en las alturas del cielo. Las nubes narran historias que han visto en territorios lejanos, las que han oído en las noches de desiertos y valles, las que han imaginado entre las luces y las sombras de montañas y océanos.

Esta tarde las nubes son blancas, pequeñas y regordetas. Parecen pastelillos de nata que nos atraen desde el vértigo de la distancia.

El domingo es muchas cosas. La tarde de domingo es el latido inicial de la semana, la cumbre que se asoma al acantilado. Pero la mañana de domingo es luz, nubes y tebeos. La luz de la infancia. La luz de mi padre llevándome de la mano hacia el quiosco del barrio. El tebeo de la semana, que querías leer ya sin despedirte de Ramón, el quiosquero. Pero, sobre todo, las nubes.

El domingo por la mañana era jugar con las nubes desde el banco del parque, de cualquier parque, después de leer el tebeo. Adivinar formas. Imaginar animales portentosos, buscar los perfiles de gente conocida o desconocida en los recovecos algodonosos.

Los domingos por la mañana eran de mi padre y las nubes. Mi padre, que me enseñó a buscar en el cielo lo que no estaba en las calles del barrio.

Pasados los años, los domingos por la mañana son de las nubes que enseñan a viajar a territorios inexplorados, a imaginar historias que se balancean en el andar rápido de aquel cúmulo, a buscar relatos que sueñan ser contados.

LUNA DE JUNIO – AMORES MÍNIMOS 44

•junio 12, 2014 • 3 comentarios

IMG_6185

En la luna de junio
el taray mece su brisa entre las luces del parque
enjambres de alas de mariposas
acosan la serenidad de las farolas
mientras el silencio alumbra nieblas
en los sueños del barrio.

En una acera, luz
En la otra, oscuridad
Y mi caminar esquivo
entre el sol y la sombra
dibujando la línea de un verso
en las esquinas del amanecer
buceando mares de sílabas
oteando la precisión de un adjetivo
la ilusión de un verbo
tramando la conjunción de un ramillete azaroso de palabras
para saberte
para oírte
para mirarte mirando
para decirte o no decirte.

Decirte.

Y con las palabras, quizás, soñar otro tiempo.

DE CAMINOS Y MARIPOSAS – AMORES MÍNIMOS 43

•junio 8, 2014 • Dejar un comentario

IMG_6201

Árboles de flores ocres y sombra tímida
dejan caer una lluvia suave de hojas espigadas sobre su pelo.

El grupo avanza por una senda de madera que atraviesa las lagunas.
Aguas que emergen desde recónditas profundidades,
de lugares que han visto nacer y hundirse viejos continentes,
de espacios donde el origen del mundo, agazapado, guarda cobijo.

Calcula mal las distancias.
Camina deprisa,
a pasos cortos,
a veces desiguales,
sobre aquellas tablas que ocultan las fosas del tiempo.

Sola, detrás.
Sola, sin perder de vista la sombra del hombro de él
que avanza delante
sin aminorar el paso
ni mirar atrás.

Sola.

Una punzada de dolor atraviesa su vientre.
Cae al suelo.
El grupo y él continúan un avance uniforme.
Cada vez más lejana
la sombra del hombro de él.

Con un dolor de siglos,
acurrucada sobre las maderas
observa el agua
sin percibir un atisbo del fondo
Levanta la mirada, honda,
y no alcanza a ver el hombro de él.

Cierra los ojos.
Se desvanece.

Su cuerpo encogido,
en el apunte de la puesta de sol
se convierte en un haz de luz.

Brotan alas de un rojo intenso donde estaban sus brazos
Su piel se transforma
Tejidos, vísceras, huesos, músculos
inquietan a la naturaleza con su cambio.

En el momento en que el sol empieza a desaparecer en el horizonte
Justo en el lugar donde cayó el cuerpo de la mujer sola
una bella mariposa roja bate las alas.
Lentamente, sobrevuela la laguna
hasta posarse en unos juncos.

La mariposa, sola, espera.

Las tablas de madera empiezan a vibrar.
Los pasos del grupo resuenan cada vez más cerca
con ritmo uniforme.

La mariposa inicia, tímida, el batir de alas,
despega hacia las nubes,
y, como una estrella roja fulgurante,
desciende en espiral hacia el grupo.

Aletea alrededor de él que,
fascinado por la luz rojiza que brota de sus alas,
observa el vuelo delicado
antes de posarse en su hombro.

Queda camino aún
La mariposa avanzará junto al hombre
paso a paso,
hasta el encuentro con el anochecer del tiempo.

IMG_6276

ESTRELLAS FUGACES – AMORES MÍNIMOS 41

•junio 1, 2014 • 2 comentarios

474

Atrapar las estrellas fugaces que atraviesan tu rostro

quiero

esas que cuelgan, sutiles, de los hilos de tu barba

e iluminan mares y nieblas en tu mirada.

Esas que siembran la noche de caminos y vericuetos

que van desde la luna de una sonrisa

hasta el amanecer dibujado en los pliegues de tu frente.

Quiero acariciar su luz

suave, rotunda

Pero no sé cómo alzar la mano

cómo dibujar el movimiento perfecto

para evitar la huida de esas minúsculas gotas de luz

y no dejar a oscuras

las aceras desiertas de nuestras noches.

 
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 57 seguidores